“Green To Gold (The Antlers). Una de dos: o la pandemia me ha atrofiado el gusto, o el 2021 no nos ha aportado discos geniales. Porque, sí, éste es el disco que más he escuchado este año por defecto; porque no he encontrado otro mejor que luchase contra mis momentos más bajos. Su dinámica otoñal apacible propicia la serenidad. Las dramáticas oleadas de antaño han sido sustituidas por paz y cariño. Desde que escribí la reseña para Rockdelux quedé prendado de esas cualidades inaprensibles; las que no se ven pero siempre están allí cuando las necesitas para sanar sufrimientos. Cada uno se alivia con lo que le va mejor. Y esa belleza en forma de canciones de cuna toscas de Peter Silberman siempre ha podido conmigo. Escúchese la pieza titular. O la que le sigue, “Porchlight”. En las antípodas de Low.

“Good Morning It´s Now Tomorrow” (Matt Maltese). Como no se revierta pronto la situación, se convertirá en uno de esos compositores admirados por el resto de compositores, cuyo talento no sirve para ser reconocido por el resto del mercado. Sus canciones pausadas y sedosas son una bendición, sea con arranques aireados (“Good Morning”) o deslizantes a cámara lenta (la colaboración con Bedouine en “Oldest Trick In The Book”). Para deleitarse detenidamente ante cada una de las notas de “Mystery”, de la serenidad de su soft rock nocturno, o de esa bestialidad de subida en “Lobster”. ¿Y la guinda al final con “Krakow” en plan Ron Sexsmith meets Burt Bacharach?

“In Praise Of Shadows” (Puma Blue). Muchos discos funcionan mejor en horas muy determinantes; de hecho la gran mayoría de los no aptos para cualquier situación se especializan en transitar por la noche profunda. Suelen ser lentos, muy lentos, y a veces de una lentitud exasperante si no consiguen conectar con el ánimo del oyente. Unos buscan a Leonard Cohen, otros a Sade o a James Blake. Al sonido de este último le debe Jacob Miller algún que otro brindis. Percusión seca, vibráfono, guitarra de suavidad eléctrica para madrugadas con humo de jazz, y falsetes plañideros a juego, con detalles sueltos (el saxo apenas asomando en las lentísimas “Already Falling” y “Bath House”) que dotan de la profundidad necesaria a sus letanías. Jacob intenta describir sus noches de insomnio rozando la depresión con cincel romántico. Esta vez cuela, pero sigo sospechando de este tipo de propuesta (como Black hace treinta años).