“BLOOD BUNNY” (Chloe Moriondo). Artista joven de Michigan cubriendo la franja de pop teen indie no binario. Al principio con “Rly Don´t Care”, y después con “GIRL ON TV”, parece querer situarse en ese pop punk tipo Avril Lavigne adaptado a la licuadora de agresividades impuesta por la industria, pero poco a poco se va dejando llevar por la corriente compositora influida por Taylor Swift (“I Eat Boys”, “Samantha”) hasta destaparse como una pluma muy hábil con el dream pop (“Manta Rays”).

“If I Could Make It Go Quiet” (Girl On Red). La adolescencia es este periodo en el que nuestros cuerpos y nuestras mentes sufren cambios más profundos. Marie Ulven, desde Noruega, a golpe de pop con elementos electrónicos, pone sobre el tapete las dudas, inseguridades y supuestas atipias, con hincapié en los problemas mentales y lo queer. Elementos de synth y R&B asoman –en “Serotonin” ayuda la producción de Finneas, hermano de Billie Eilish- pero funciona mejor melódicamente cuando se arrima –“Midnight Love”, “Rue”, “Apartment 402”- a la vaporosidad triste del dream pop.

“Driver” (Adult Mom). Un nuevo trabajo de Stevie Knipe donde pone su adorable voz al servicio de la causa queer con la ayuda de Kyle Pulley (también bajista, pero sobre todo con experiencia en la parte técnica del sonido de bandas como Hop Along). Títulos cortos (“Breathing”, “Dancing”, “Adam”, “Frost”) y pop directo e impoluto como la bien engarzada “Berlin”. Su transparencia a veces recuerda a un cruce entre Cranberries y 10000 Maniacs (“Wisconsin”, “Checking Up”). Incluso a Kacey Musgraves (“Passenger”). Pese a la innegable calidad del discurso, la cantidad enorme de propuestas similares acabará por hacerlas indistinguibles unas de otras sonando plañideras en las tiendas de Inditex o H&M. Aunque bienvenida sea la normalización, era más divertido cuando lo queer iba asociado a una actitud provocadora. Lo cual no quita su mérito por intentar romper su contrato, al igual que Sara Tudzin de Illuminati  Hotties, con la polémica discográfica Tiny Engines.