“Time Flies” (Ladyhawke). Tras cinco años ausente por distintas causas –un melanoma, maternidad- la neozelandesa publica un álbum repleto de estribillos de pop susurrado fantásticos con traje de los ochenta: beats sintéticos prominentes heredados de la transición entre Chic y Daft Punk, con suavizante femenino (se nota en su cambio de estilo que trabajó con su amigo Mick Littlemore de Pnau, uno de los socios de Empire Of The Sun). Melodías diáfanas y optimismo moderado en los beats empanados con más azúcar que harina y huevo. Recomendado, sobre todo a quienes gustó el cambio de Tennis en “Swimmer”.

“Former Things” (Lonelady). Parece que el ciclo de Julie Campbell publicando es de cinco años. También aquí muestra un formato muy cuadriculado (las ocho piezas discurren entre los 4:22 y los 5:44). ¿Tal vez demasiado plano? En absoluto. Esos beats metálicos y secos contienen un sinfín de latigazos –parecidos a los Cabaret Voltaire más dance- que nos mantienen en estado de alerta, sobre todo porque ella interpreta con un brío luminoso como contraste. Incluso se acerca a parámetros menos abruptos (“Former Things” canción es muy “Get Lucky”). Ideal para clubs selectos frecuentados por un público conocedor. O sea ideal para bailar.

“Prioritise Pleasure” (Self Esteem). La polémica habitual. Unánimemente aclamado por la prensa británica pero de recorrido limitado en competiciones internacionales, el nuevo largo de Rebecca no se limita a los postulados de su título. De hecho es un hedonismo militante de autoafirmación en tiempos de covid. En cuanto a lo musical, al principio (“Fucking Wizardry”, “Hobbies 2”) apuesta por un synth pop tribal, y durante toda la grabación, aún cambiando el registro –pop con gancho en “Moody” y “You Forever”, más tensionado en “How Can I Help You”-, apela a coros ampulosos. Destaca el rap lento de “I Do This All The Time”: como si Sylvia Robinson aterrizase reivindicativa en 2021.