“Maximum Sorrow!” (Desperate Journalist). Aunque se les percibe más lozanos y puestos, aún sirve lo dicho en 2019 en la reseña de “In Search Of The Miraculous”. Se insertan plenamente en el arquetipo de banda británica entre la intensidad la épica que tanto sirve para The Horrors como para Wolf Alice. Pulso trepidante con un punto oscuro de guitarras aceradas empujadas a cotas altas por la voz de Jo Bevan. A veces atacan con furia (“Fine In The Family”)  obteniendo un sonido grande, urgente (“Fault”, una cercana a The Cure, “Personality Girlfriend”, “Was It Worth It”), otras buscando puntuar en diversidad desde un planteamiento más tranquilo (“The Victim”) o jugando (“What You´re Scared Of” empieza etérea aunque su escarcha se incendia al final) con las dos barajas.

“New Long Leg” (Dry Cleaning). La solvencia de John Parish como productor de sonidos ásperos queda patente en este álbum donde pasado y presente se citan para otear nuevos horizontes. El fondo es el pulso seco acompañado por una muralla de guitarras que tanto se lleva ahora en plan Idles o Shame (“Her Hippo”), incluso escorado a Franz Ferdinand cuando afloran guitarras nerviosas (“Scratchcard Lanyard”). Sobre él Florence Shaw recita –tan impasible como lo harían Debbie Harry o Nico- fragmentos de lo que podría ser un diario donde se mezcla lo que ve con lo que piensa acerca de lo que ve. No podía faltar un tema largo de siete minutos para cerrar –“Everyday Carry”,aunque obvio, su corte maníaco a mitad es ingenioso- y destaca “More Big Birds” al permitir la única tonada firme con sus dah dah dahs. El momento tierno de un disco relativamente acerado.

“Cheater” (Pom Poko). El segundo álbum de estos noruegos progresa adecuadamente. Supura un aire optimista gracias a la voz femenina (Ragnhild Jamtveit) que pasa por encima de la etiqueta art rock en busca del punk pop nervioso adolescente (“Cheater”) y se topa con ramalazos de felicidad. En “Like A Lady” es como si una aprendiz de Björk descabalgase acordes cortantes de Nirvana sobre un ritmo de Police. Muchas canciones combinan momentos de furia con otros apacibles, en modo montaña rusa configurando un ambiente travieso particular. Salvando los tramos serios, deben ser muy divertidos en directo.