“Music Life” (Mia Doi Todd). Si ha habido un álbum en 2021 con el que disfrutar relajado del grácil manejo de unos músicos de sus respectivos instrumentos, es éste. Folk fluido global desde las autopistas de Los Angeles que llevan a los senderos de los canyons en un ambiente de jazz bucólico donde la brisa corre en la plantación de plátanos, papayas y aguacates, con flautas y melódicas (más un trabajo excelente de Sam Gendel al saxo y Gabe Noel al contrabajo). ¿Joni Mitchell retirada en el trópico? Ahí está la versión de “If I Don´t Have You” de Gregory Isaacs, la indostánica “Mohinder And The Maharani”, así como el retorno de Mia a los efluvios brasileños con los ocho minutos de una “Little Bird” que se erige como una de las mejores odas invitándonos a conocer mundo. Una gozada.

“Try Harder” (Aerial East). Aunque nómada de familia militar con destinaciones a bases varias, incluida Alemania, las raíces tejanas le pueden. Instalada en una austeridad que no le impide extraer petróleo (Texas, chiste fácil), utiliza instrumentos country –sin ser country- aplicándolos a una perspectiva relajada casi lo fi, donde una pedal steel suave deja paso (“The Things We Build”) a acordes de guitarra ásperos aunque lo ensoñador acabe prevaleciendo. El vals tejano “San Angelo”, y “Blue”, son dos ejemplos más de su manera de trabajar guiones cortos para luego dejar que los instrumentos se suelten hogareños y se enamoren entre sí. En la corta “Jonas Said” goza de la compañía vocal de Okay Kaya. A descubrir.

“Painting The Roses” (Midnight Sister). Desde L.A, ciudad de cine, emergen Juliana Giraffe y Ari Balouzian, enfocando el disco como si se tratase de un film. Canciones variadas donde conviven juegos vocales suntuosos a juego con los arreglos –con algún falsete glam en “Foxes”- donde incluso recurren a un patrón disco –clásico en “Sirens”, más enrevesado en “Limousine”, o con vientos y cuerdas adosadas en “Escalators”- aunque impera, sobre todo en la segunda mitad, la moqueta mullida: las corales ultraterrenales de “Wednesday Baby” y “Dearly Departed” –bonito el saxo de la última-, el cabaret de candilejas de “My Elevator Song”, la excursión de un supuesto David Lynch de copas en Hawai de “Song For The Trees”, o una “Painting The Roses” final cuyos vientos y cuerdas a lo Hollywood desembocan en violines que merecerían un `The end´ visual bien grande.