“Keyboard Fantasies Reimagined” (Beverly Glenn-Copeland). No había oído hablar de él hasta que entrevisté a Jenn Wasner (Flock Of Dimes, Wye Oak) en marzo del año pasado. Ahora una serie de músicos han trabajado sobre variaciones de su álbum “Keyboard Fantasies” de 1986, obteniendo resultados de insólita belleza. Tenemos a Bon Iver y Flock Of Dimes en la electrónicamente tintineante y pastoral “Ever New”. A Julia Holter poniendo la tapicería celestial solemne en “Fastest Star”. También Arca busca escalar a los altares con “Let Us Dance”, mientras Ana Roxanne arregla Old (New) Melody” en un tono cercano a Grouper. Más percusivo aunque igualmente elegíaco se muestra Blood Orange en “Sunset Village”, al que siguen el misticismo devoto  de Kelsey Lu en una mirada distinta a “Ever New”, el tándem Joseph Shabason y Thom Gill (Bernice, Owen Pallett, Nicholas Krgovich) en otra toma no menos delicada de la composición, y el musicólogo de sonidos indígenas canadienses Jeremy Dutcher con voz y piano cerrando con “Ghost House”. Un trabajo fascinante que reivindica a este músico ignorado y que sabe columpiarse sobre la fina línea que separa la música electrónica y la new age.

“Private Reasons” (Bruno Pernadas). Desde Portugal y con una perspectiva de Beach Boys similar a la desplegada por High Llamas 25 años atrás (“Family Vows”, “Fuzzy Soul”), Bruno y su colcha sintética deliciosa nos arrullan, dejándonos absolutamente prendados (“Theme Vision”) de sus cadencias cimbreantes (“Recife”). También funciona bien cuando se acerca al jazz, a pentagramas asiáticos (“Jory I”, “Jory II”), o a las colonias portuguesas africanas, pero su verdadero acierto es haber dado con ese ambiente de atardecer lánguido cálido y ensoñador que se mantiene –incluso en incursiones más energéticas como “Brio 81”- a lo largo de la grabación.

“MÁSCARAS” (Mas Aya). Masaya es una ciudad en los aledaños del volcán del mismo nombre entre las ciudades de Managua y Granada. Desde Toronto, Brandon Valdivia apela a los ancestros y utiliza el seudónimo para confeccionar ambientes sobre percusiones y teclados que abrigan reflejos centroamericanos, tanto de musicalidad indígena como de compromiso político. El chillout de “Momento Presente” conlleva un sample sandinista, mientras las flautas de “18 De Abril” se convierten paulatinamente en sirenas en una manifestación de protesta. El respaldo viene de la voz en “Tiempo Ahora” de una Lido Pimienta absorta en su letanía rodeada de selva, pero lo interesante de la grabación se centra en el esmero de un percusionista como Valdivia mimando los tintineos más minúsculos.