En 1988, Irlanda se había consolidado como productora musical exportadora gracias a su legado clásico –Van Morrison- ahora secundado por una hornada de rock concienciado –U2-, a los que se unían rastreadores de herencia folk –Martin Stephenson- y pasión –The Waterboys- del resto del imperio.

Debido a los vientos favorables, Hothouse Flowers debutaron a lo grande. Producción de Clive Langer y Alan Winstanley, los gurus del savoir faire británico de entonces –los mejores trabajos de Madness, Teardrop Explodes,  Lloyd Cole-, para manejar las distintas influencias y hacerlas converger en un híbrido fluorescente, donde el peso de un quinteto muy sólido –como una E Street Band modesta europea- llevaba en volandas la voz de Liam Ó Maonlaí. Sus maneras cantando enseguida abruman. En “Don´t Go” no anda lejos de papá Van, y en otras, si el acompañamiento es más blanco, el referente sería el boss. Si además le precede la entrada soulful de “I´m Sorry” y le sigue una balada negra como el tizón (“Forgiven”), quien escucha piensa que está ante plegarias del delta llevadas a Dublin por una cover band de mega aspiraciones tipo Waterboys.

Mención especial para los músicos responsables. Langer y Winstanley reclutaron profesionales de postín del circuito británico. En muchas canciones figura la voz de Claudia Fontaine, quien empezó en la gama lovers rock del reggae y llegó a ser corista en giras de Pink Floyd, Joe Cocker y The Jam. En “Don´t Go”, “Love Don´t Work This Way” y “Feet On The Ground” los coros corren a cargo de Jimmy Chambers y Jimmy Helms –ambos de carreras paralelas en Londonbeat con aportaciones para discos de Madness, Deacon Blue, Paul Young o Lloyd Cole-, este último americano con el fantástico hit en UK en 1973 “Gonna Make You An Offer You Can´t Refuse”. Y Gary Barnacle, otro afín a Londonbeat –con colaboraciones que van desde Clash, Phil Collins, Pet Shop Boys y Elvis Costello…hasta Nacha Pop, José Luis Perales e Isabel Pantoja- encargado de ayudar en los vientos a Leo Barnes.

Poco antes del final, despunta una “Ballad Of Katie” más larga –seis minutos- de estela épica, que no hubiese desentonado en un disco de The Triffids.

 

PD: El otro día, repasando revistas antiguas, vi mi reseña del disco en Ruta 66 (nº 32, septiembre 1988). Ufff.