A finales del milenio pasado, Centro-Matic habían llegado a la conclusión que unas cuantas composiciones necesitaban desmarcarse del resto gracias a una serie de cualidades que las hacían distintas, así que los de Will Johnson decidieron montar una costilla paralela, South San Gabriel, que con razón aglutinaron su vertiente introspectiva más extrema. Guitarras no tan pesantes, pero si más dulcemente punzantes.

Se estrenaron con “Songs/Music” (Munich 2000) y gozaron de una carrera que a lo largo de la década ofreció una de las colecciones de álbumes más injustamente olvidadas a día de hoy. En él, gracias a la impresionante labor técnica en producción del batería Matt Spence –y también su percusión voluptuosa- se forja canción a canción una personalidad definida, con la voz de Johnson buceando en un universo de melancolía agridulce terminal, donde cada nota de guitarra, entremezclada con piano a cámara lenta (“To Accompany”), configura ese estado anímico tan difícil de transmitir.

Como resumen de momentos sobrecogedores, tenemos el teclado en “The Fireworks Treatment” y “With Broken Hands” arropando el rasgar de las guitarras; la melodía mediterránea de “The Ensuing Light Of Day”; el estruendoso retumbar de la batería de “Glacial Slurs” –oh Rosaline, you and your alcohol technology-; el piano de tono sepia de “One-hundred Thousand Braidsmaids”, con la voz de Will implorante que te rompe por dentro, dinamizada por un ruido tipo despertador que permanece –efecto tremendo- tras callarse los demás instrumentos; o la más larga y superlenta “Innocence Kindly Waits” -¿los Low tejanos?- abriéndose de pronto en canal hasta mostrar una llaga que cicatriza gracias a la misericordia de Johnson: pocas veces una guitarra –o un violín, o lo que sea esa monstruosidad- es capaz de dejar una herida tan prominente en el alma. Y lapidario asimismo el lamento profundo –voz y guitarra- al cerrar con “Destroyer”. A forty years deliquency, turns forty one.

A “Songs/Music” le seguirá el más pulido y no menos sobresaliente “Welcome, Convalescence”, y a éste “The Carlton Chronicles”, etc etc. Todos merecedores de una mención que los rescate del olvido. Veinte años después, hoy más que nunca tras deleitarnos con el triunfo de Big Thief –cuando cada nota de una guitarra y cada pálpito de la percusión IMPORTA-, pelos de punta. Aún.