Supergrupo ¡¡canadiense!! al que deberíamos acercarnos sin prejuicios; casi mejor sin conocer a quienes formaban parte de él. Porque el error al escuchar “Beast Moans” (Jagjaguwar 2006) de Swan Lake es intentar compararlo con los trabajos de sus miembros –Daniel Bejar, Spencer Krug y Carey Mercer- en sus respectivas bandas, sobre todo en el contexto de aquellos días.

Y es que en 2006 Bejar estaba consolidando Destroyer con la publicación del magnífico “Rubies”, y otro tanto sucedía con “Apologies To The Queen Mary” de los Wolf Parade de Krug. Discos ambos con melodías desbordando pasión mientras esbozan cierta herencia de David Bowie, también presente en la vocalización de Mercer en Frog Eyes.

Esta vez no obstante se ponen un traje atrevido –no experimental pero casi, no como el cambio del Todd Rundgren romántico a Utopia pero casi, no como el proyecto de Bowie en Tin Machine…pero casi-, donde impera una fanfarria abigarrada gótica. Incluso “The Freedom”, la más parecida a “Rubies”, luego se enreda. Ritmos fragmentados, guitarras afiladas –rumbo al cielo en el final de “City Calls”- y melodías como la de “A Venue Called Rubella” ocultas bajo el barullo instrumental. Durante años me ha costado acercarme al disco, hasta que por fin he ido descubriendo su hechizo tosco: la intensidad sin bridas de Bejar (“Widow´s Walk”), la confusión sinfónica (“Pleasure Vessels”) o la exuberancia caótica de Krug que se aprecia mejor con los años (sobre todo “All Fires” y “Bluebird”). La señal más comprensible de que por fin se ha asimilado el álbum se produce cuando en 2022 escuchas “Petersburg, Liberty Theater, 1914” y te preguntas cómo demonios no has pensado antes en Nick Cave.