Paralelamente a la eclosión del punk, al otro lado del Atlántico surgieron varias bandas buscando un caudal eléctrico similar a través de otras fuentes como soul, blues y rhythm & blues, hasta desembocar en una etiqueta aglutinadora como el garage, que abrazaba desde lo más decibélico a lo más rítmico. Al principio era cosa de un par de grupos, entre ellos Flamin´ Groovies, pero poco a poco se fueron sumando otros que elegirían la logística punk -CBGB, Max´s Kansas City, Danceteria- para popularizarse.

El caso de Fleshtones es casi excepcional. Ya formados en 1975, debutaron en el CBGB en 1976, pero no publicaron su primer álbum “Roman Gods” (Illegal Records) hasta 1982, cuando el garage bastardo ya había puesto en boga nombres como The Cramps y Suicide.

Formados al principio por Jan Marek Pakulsi (bajo) y Keith Streng (guitarra), encontraron en Peter Zaremba a un vocalista carismático para remachar la energía que necesitaban las piezas (amén del percusionista Bill Milhizer y de las ayudas de John Weiss y Gordon Spaeh con los saxos).

Se mueven entre el garage carnal (The Dreg”) con un punto por debajo de Cramps en guarrería, el groove psicodélico (“I´ve Gotta Change My Life”), pseudowesterns dementes repletos de adrenalina (“The World Has Changed”), garage lindando con el pub rock (“R-I-G-H-T-S”), cortes más fifties (“Let´s See The Sun”), instrumentales vibrantes (“Chinese Kitchen”), soul pletórico (“Ride Your Pony” y cánticos con bajo funk (“Roman Gods”).

La cohesión del álbum les permitió ampliar horizontes y, con el tiempo –en 2020 aún operaban- incluso se hicieron con una fan base en España, inmortalizada en el directo “Soul Madrid” (1989), así como el EP “Quatro x Quatro” (2012) con temas en español. Un grupo para sudarlo.