Las grandes recompensas de este oficio. Encontrar una banda humilde en la que creer. Honeyglaze son del sur de Londres y están apadrinados en su primer álbum homónimo (Speedy Wunderground 2022) por Dan Carey en una sorprendente producción. La voz y guitarra de Anouska Sokolow, el bajo de Tim Curtis y la percusión de Yuri Shibuichi no necesitan muchas herramientas para elaborar un sonido de espacios ventilados sublimes donde conviven guiños al folk, al post rock o al jazz tipo Talk Talk.

El primer aviso lo dan con la maraña de sutilezas instrumentales de “Start”, cediendo en la siguiente (“Shadows”) a un aire Cranberries que deja en ascuas. Todo cobra sentido a partir de una “I Am Not Your Cushion” con la melancolía de la guitarra rítmica apoyando a la de la voz, aún más presente en la fantástica y expansiva “Burglar”, una especie de cruce entre The Clientele y Stereolab, demostrando una pericia especial en la combinación de temas cortos con algo más largos.

El resto transcurre como una exhalación, desde el rastro fifties de “Female Lead” y el toque “Don´t Let Me Down” de “Deep Murky Water” hasta la simple y ensoñadora “Young Looking”, una “Souvenir” a modo de postal, o la métrica Cohen al empezar los últimos seis minutos del disco con “Childish Things”. Todo bendecido por una varita mágica impulsando a la guitarra rítmica a iluminarse con destellos melódicos (como Summer Salt). La magia desde la sencillez.