Banda veterana se recicla dejando atrás la parte british de su nomenclatura, tal vez para subrayar que algo ha cambiado –no tan solo en clave nacionalista- en la música de los autores de un álbum cuyo título ahora suena revelador como “The Decline Of The British Sea Power” (2003).

En un primer contacto, “Everything Was Forever” (Golden Chariot 2022) da fe del cambio con “Scaring At The Sky” y su discurso inicialmente dreamy. Algo sin embargo entre los entresijos de los acordes indica que no han perdido su instinto épico. Efectivamente “Transmitter” irrumpe con hambre de himno, mordiendo la yugular mejor aún que en los buenos tiempos. Sigue la grandeza imperial británica aunque ahora se llamen Sea Power, como se verá en la energía invencible de “Two Fingers”, “Doppelganger” o las monumentales “Folly” y “Green Goddess”, salpicadas por algún oasis –“Fire Escape In The Sea” cercana a The National, la celestial “Fear Eats The Soul”, o una etérea “Lakeland Echo” preñada de shoegaze- induciendo a la reflexión.

Como suele ser habitual en las bandas de las islas salvo excepciones como Frightened Rabbit, la opulencia del retablo es más rígida que la de las bandas norteamericanas, y cercana a la de las canadienses. Sin caer por supuesto en terreno U2. Suban pues el volumen y déjense abrazar y avasallar por la magnificencia.