El disco de versiones de rock de hace casi dos años puso a Molly Tuttle en una órbita más allá del bluegrass. Ahora que ya los no especializados la conocemos, vuelve con “Crooked Tree” (Nonesuch 2022) a su habitat para darnos toda una lección.

Hija y nieta de músicos de bluegrass, conoce el paño por tradición familiar. No solo se trata de contar con la destreza de los músicos, sino de atrapar el espíritu del estilo generado por banjos, mandolinas y violines en comunión. El country puede ser solitario, pero el bluegrass se disfruta en grupo porque proviene de comunidades rurales donde ésta era la única diversión.

Por ello el disco rebosa buenas vibraciones. Música vitalista con raíces para disfrutar en compañía, como bien muestra “Flatland Girl” acelerando junto a Margo Price o la festiva “Big Backyard” con Old Crow Medicine Show, además de otras andanadas (“Over The Line”) y otros colaboradores, como Dan Tyminski (el vals “San Francisco Blues”), el joven Billy Strings (en la sombría “Dooley´s Farm”) y Gillian Welch en una cachonda “Side Saddle” que reivindica la participación de las mujeres –en igualdad de condiciones- en los rodeos.

No puede faltar el momento reflexivo, como “The River Knows” (ese río que conoce secretos inconfesables acaecidos en sus orillas, crímenes, abuso sexual, etc), o una “Grass Valley” cerrando con el repaso a través de ojos infantiles de sus inicios musicales junto a su padre, para completar ese ejercicio de humanidad.