De Massachusetts, criada en Boston y residente en Brooklyn, la guitarrista Mary Halvorson tiene una discografía amplia buscando ensanchar los senderos de jazz que apuntan a nuevas vías. Durante esta primavera ha publicado conjuntamente dos álbumes que funcionan tanto juntos como por separado; se complementan, y exploran espacios comunes con distintas formaciones instrumentales.

Para “Amaryllis” (Nonesuch 2022) se ayuda de un quinteto formado por vibráfono, bajo, batería, trombón y trompeta. Los patrones son jazzísticos con momentos de diálogos brillantes atípicos, como los de guitarra y trompeta, o bajo y vibráfono –“Night Shift”-, mientras ella ribetea con una guitarra que tanto se desliza suave –recordando bastante el catálogo de CTI- como garabatea dibujos noctámbulos –“892 Teeth”- y a la vez panorámicos.

Aunque sobre el papel más amable por hacerse acompañar solo del cuarteto de cuerdas The Mivos Quartet, “Belladonna” (Nonesuch 2022) trajina con momentos de complejidad. La música de cámara de “Moonburn” sucede tras atravesar pasajes espinosos lindando con la concrete music, y ciertamente la asimilación a veces deviene díscola. Pero siempre entretenida, ya que fluye sin encallarse mucho rato en la misma secuencia. Anonadado quedé ante el cruce de cuerdas siderales de “Belladonna”, presintiendo que, si le concedo más escuchas, me emocionará.