Carey Mercer firmó el puesto de honor en el rock canadiense  de Frog Eyes cuando participó junto a Dan Bejar y Spencer Krug en el supergrupo Swan Lake, aunque a nivel internacional está menos reconocido.

El nuevo álbum “The Bees” (paper Bag 2022) reafirma a Frog Eyes en sus características: un sonido crudo que no cae en la brutalidad, sino que más bien la esquiva a golpe de melodías sueltas entre el armazón tosco. Arranca con psicodelia beatle de ecos cavernosos en “Rainbow Stew” para enseguida soltar la pieza titular, de ocho minutos, en la que vuelca las diferentes vertientes de su estilo; una pasión retorcida –fíjense en la portada- y abigarrada, a ratos como Greg Dulli, que de pronto se convierte en madeja etérea que rueda en libertad. Con su voz siempre en primer plano junto a la batería de Melanie Campbell, a veces ceden ambos el protagonismo a los teclados de Shyla Seller (“Scottish Wine”) para que amplíe el perímetro en busca de panoramas más espaciosos (“Here Is A Place To Stop”). En cualquier caso, no es un trabajo de destellos espectaculares, requiriendo su digestión algo de paciencia y ganas de profundizar en sus recovecos tristes.