¡Por fin parece haber llegado el momento de Emily Sprague y Florist! Después de años perseverando, con este “Florist” (Double Double Whammy 2022) grabado en una cabaña de Hudson Valley, ella ha conseguido dar visibilidad a una banda agraciada por músicos excelentes.

En el éxito del álbum confluyen varios factores. Emocionalmente, Emily explora con mayor serenidad la pérdida de su madre y los valores derivados (hogar, familia, afecto de los tuyos). `We had a home once, what a funny thing, we had a home once, there were fireflies´, musita ella en una “43” acuática y permeable con esa guitarra vetusta tan elocuente. Lo hace amparada en su devoción tanto por las acústicas como por lo electrónico que, si hasta ahora había separado discográficamente (Florist para lo primero, Emily Sprague para el ambient), finalmente ha procurado conjuntar (diez de las diecinueve piezas son instrumentales donde la guitarra coquetea con instrumentos varios, más field recordings). Y lo ha hecho con la ayuda de Shahzad Ismaily, pero sobre todo de un Philip Weinrobe cuya experiencia en el último álbum de Adrianne Lenker aquí es clave.

Porque en estos momentos Florist presenta la única candidatura capaz de disputarle el trono a Big Thief. Desde la serenata destartalada con grillos de fondo de “June 9th Nighttime”, todo el disco desprende una aura de preciosismo sobrenatural, presente en “Red Bird Pt. 2”, “River´s Bed” (ambas recordando a su madre), la bellísima “Spring In Hours” o “Sci-Fi Silence”, donde de pronto una delicada oración divina se yergue por entre el enjambre acústico para bendecirnos eternamente, incluso desde la lejanía rumbo al infinito. Hay tanta vida y tanto amor en esta colección que resulta difícil en algún momento no recurrir al kleenex.

 

`I´m a dream, I´m a fraction,

I´m somewhere between the near ande the far of the butterfly´s wing´.

 

¡Wow!