Me es imposible no sentir cierta excitación previa a la escucha de “Giant Palm” (Sub Pop 2022), el debut de Naima Bock, debido sobre todo a ciertos paralelismos que provocan una sintonía natural. Como yo, tiene orígenes griegos, y parte de su infancia transcurrió en Brasil, de modo que no sería descabellado pensar que compartimos una afinidad sensorial similar, aunque no sea lo mismo residir hoy en Gran Bretaña que en España.

Esa mezcolanza entre la calidez innata brasileña, la solemnidad de los griegos con su folklore –la influencia religiosa en ambos- y la climatología londinense, se plasma en su música. Una luminosidad en seguida detectable en “Giant Palm!” canción, combinada con la severidad casi litúrgica del folk de “Toll” –videoclip medieval a juego- o los coros abrasivos de “Every Morning”, que pulsa la ensoñación electrónica en “Dim Dum” arropada por violín, inclinándose al calor tropical a través del saxo (“Working”) o a los postulados de High Llamas (“Instrumental”), con un perfume similar al último de Aldous Harding.

El final bossa de “O Morro” es el veneno dulce que puede acabar con cualquier persona que alguna vez habitase en el increíble país sudamericano. No sé si nos veremos en alguna escuela de samba de un morro, pero prometo que intentaré beber la próxima caipirinha con una cachaça de marca para brindar por o nosso Brasil. Saudade.