Aunque The Deslondes nunca han estado por la ortodoxia musical, su estilo personal rezuma la esencia real de la música norteamericana. La que se nutre de blancos, de negros y sobre todo de grises, de country y de música de color; la mestiza que despunta orgullosa desde su sede en Nueva Orleans.

En “Ways & Means” (New West 2022), tras una larga ausencia, van a su bola. Nada de ritmos acelerados, sino más bien de la magia de la pachorra. A dar esa sensación ayuda la voz de Riley Downing más que la de Sam Doores, tosca, genial tanto en los trotes perezosos abriendo con “Good To Go” y cerrando con “Hero” como la aparente dejadez –laid back por la vena- escondiendo el conocimiento de la esencia del midwest cruzada con el espíritu negro de los campos de algodón, también presente en “South Dakota Wild One” y “Standing Still”. A veces suenan como de vuelta de todo, como una anomalía similar en espíritu –no en gresca- a la de Little Feat.

Lo que maravilla de muchas de estas composiciones es lo bien conectadas que están con el pasado. Algún guiño fifties aparte (“Sweet Release”), deslumbran los estribillos de soft rock early seventies retocados con algún detalle –disfuncional la percusión en “Howl At The Moon”, o el gospel agazapado en “Consider Me”- pero siempre dispuestas a ser abrazadas al instante: el trote casi bubblegum de “Ways & Means” –colabora Margo Price-, la guitarra rítmica CCR de “Home Again”, o la tonada “American Pie” de “Wild Eden”. Y no importa si a veces suenan deliberadamente espartanos –producción a cargo de un conoisseur sureño como Andrija Tokic, quien ya deslumbtó con Alabama Shakes, Benjamin Booker y los compañeros de Hurray For The Riff Raff-, porque ahí en medio, entre sonidos aguerridos sometidos a la dictadura de lo simple, subyace precisamente su encanto.