A Vieux Farka Touré le ha dado por recuperar la memoria de su padre, haciendo versiones de temas suyos. Empezó con “Les Racines” y ahora, en clave mucho más abierta de miras, se asocia con Khruangbin para recrear otras ocho composiciones en “Ali” (Dead Oceans 2022).

Para los entusiastas de la música de Mali y del trío tejano, el álbum, aparte de jalea real, era inevitable, porque ambos reflejan dibujando a su manera el perfil árido de sus respectivas procedencias. De hecho en muchas de estas canciones dudamos de quien lleva el peso influencer, si África o Khruangbin, si la guitarra de Touré o la de Mark Speer, mientras aplaudimos la resonancia que adquieren en una nueva dimensión. La flotación espiritual de “Diarabi” o la colcha mágica formada por las dos guitarras en “Lobbo”; esa aceleración a la que contribuye a regañadientes la sección rítmica de los tejanos en “Tamalla”; o la inserción del ritmo dopado seco del bajo de Laura Lee y la percusión de Donald Johnson a un blues del desierto como “Tongo Barra”. Y a todo ello debemos añadir las pinceladas de sonidos periféricos, como el acordeón zydeco de Rubén Moreno en “Mahine Me”, o los ecos dub que convierten “Savanne” en todo un emblema de la nueva música global.

Por último, reivindicar la sabia estrategia de la carrera de Khruangbin. Conocen sus limitaciones si se quedan en su cancha, y también conocen las inmensas posibilidades de su estilo copulando con otros universales en el marcó de un mínimo denominador común. Chapeau.