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No es fácil que suceda en un avión pero, si sucede, te sume en el más mortífero de los ridículos: perder un zapato. Durante un vuelo largo te descalzas y duermes. Con el avión en la penumbra despiertas, medio cuerpo rechinando mal dormido. Aún deben faltar tres horas para aterrizar, más o menos hora y media para que enciendan luces y procedan con el desayuno. Antes de encender el iPod para amenizar la espera, no es mala idea pasarse por la “cocina” a por un tentempié. Así que tanteo con los pies en busca del par de zapatos. He encontrado uno pero el otro se resiste; tal vez lo he empujado unos centímetros más adelante. Estiro la pierna al máximo, sin que mis dedos choquen con otra cosa que no sea el salvavidas bajo el asiento anterior. Extiendo la otra, por si el zapato se ha desviado hacia la zona de la rubia guapa del asiento contiguo que duerme con su aliento refrescándome la oreja, intentando no despertarla. Doblo la rodilla con la pierna hacia atrás bajo su asiento. Doblo la otra bajo el mío. Miro el pasillo oscuro pues tal vez se ha colado por entre los hierros separadores yendo a parar allí. Nada. ¿Lo habrá cogido la azafata porque estorbaba y no sabía quién era el propietario? No sé por qué, pero solo imaginar a todos los pasajeros desembarcando tras aterrizar mientras yo he de quedarme buscando el zapato –o, peor aún, cruzar descalzo o a medio calzar pasillos de Suvarnabumi, control de pasaportes, etc hasta recuperar mi mochila y sacar otro par- me empieza a producir un sarpullido de angustia. Voy a indagar.

Las azafatas de KLM mantienen el sentido de humor holandés exigible en un vuelo de las características del KL877, cosa de agradecer. I lost something. A shoe. ¿A shoe? Me vuelve a repetir la pregunta con tono serio que no puede esconder un matiz de sorna. Tranquilo, ahora mismo nadie puede salir de aquí, ni siquiera tu zapato. Intento mantener las apariencias y la broma: si se lanzase mi zapato desde este avión a doce mil metros de altitud, podríais cambiar el nombre del aparato y, en vez de City Of Karachi, llamarlo Enola Gay. No ha captado mi humor devorolor. Miro al anciano con cara de avispado que me sonríe desde la misma fila al otro lado del pasillo. A la gente mayor a veces se le va la olla y esconde cosas (para caer en gracia o por pura perversión senil). Se encienden las luces, he de encontrarlo antes de que impidan el paso los carritos del desayuno. Reviso una vez más bajo mi asiento, el de delante y el de la rubia que ya ha despertado y anda mirando una película cutre en su laptop con un ojo en él y otro en mis movimientos. Salgo al pasillo, me agacho, me arrodillo y me tiendo mortificado en la moqueta ante la mirada de los pasajeros, que ya se han dado cuenta de la gravedad de un asunto capaz de someter a una persona a tamaña humillación. Finalmente la señora de delante estira la pierna y toca algo. Lo alza en señal de victoria. En serio, casi aplauden.

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Alien in my shoes (Theory Of Mind)
A shoe is a shoe (Al `Coffee´ McDaniel)
My shoes are dreaming (Strangefire)
My shoes- revisited (Spock´s Beard)

Títulos alternativos para salir del paso:
This old shoe of mine (The Sisley Brothers)
The Rockefeller shine (Fatboy Shoe)
Like a rolling shoe (Rub Dylan)
Old September shoes (My Morning Pikolinos)
Hands off shoe´s mine (The beat-ing owner of Bata)
A boy named shoe (Johnny Condom)
Suspicious shoes (Elvis Stepsley)
The boy with the arab shoe (Belle & Sebago)
Leaving a shoe on a jet plane (Peter, Paul & a steward called Mary)
Do you think I´m sexy without a shoe? (A Steward Called Rod)