Soy sincero: tengo aversión en primera instancia a ciertos productos musicales franceses, sobre todo si vienen exacerbadamente avalados por los medios –tan chauvinistas o más que los británicos- de aquel país. El caso es que “Reality Check” (Merok/XL 2008) de The Teenagers en principio no me atrajo. Mucho recitado con un inglés de acento gabacho sobre ritmos fáciles de pegada troglodita –tienen el mismo pasaporte que Daft Punk– amparado en guitarras aparentemente –solo aparentemente- tórridas: muy lejos, por supuesto, de The Wedding Present.

Ha pasado el tiempo, un día de éstos llegará el calor a las zonas donde aún no ha llegado, y con él hervirán algunas de nuestras aún vivas hormonas. A fuerza de escogerlo para escucharlo en momentos cuando no se escucha realmente lo que se escoge, los estribillos de estas doce canciones se han apoderado de mi inconsciente. ¿Verano y sensualidad tal vez? Contemplo la portada con dos jóvenes besándose pillados in fraganti por una luz –flash, faros, poco importa- abrasadora. Mientras, me deleito en “Homecoming” con la descripción cruda de alguien que va a los USA y liga (`I fucked my american cunt´). El rollo chico/chica tiene un punto The Human League, solo que la parte electrónica incidiendo sobre las guitarras es más como The Cars.

Los tejidos reciben las vitaminas solares, los ritmos se apiadan, y florecen estribillos tan gloriosos –“Make It Happen”- que podrían haber sido sintonía de cualquier Vuelta a España de hace un cuarto de siglo o, si queremos darle un barniz de credibilidad –interesantes textos: `would we be dancing the same if Michael Jackson hadn´t made music?´-, haber figurado en una hipotética edición de “Technique” de New Order a cargo de Sarah Records. A partir de allí, ya con la mosca tras la oreja por mis prejuicios estúpidos, empiezo a prestarle más atención aún, deleitándome en lo sensual –“French Kiss”-, en las letras –por ejemplo en “Sunset Beach”: `she impressed me with her iPod playlist, from Slayer to Elliott Smith, no fucking Jeff Buckley´– y –“End Of The Road”- en los coros de celofán rosado. Cierto, el verano ha llegado. Y cualquier disco con una canción que hable de lo mucho que su compositor desea a Scarlett Johansson –el mundo es muy soso sin Pulp– goza de mi complicidad incondicional.