Siento la tardanza y la merma de actualidad consiguiente, pero necesito, cual vaca tranquila en su prado, rumiar algunos discos para hacerme una opinión argumentada. Y ahora que llevo ya unas cuantas semanas dándole vueltas a “The Age Of The Understatement” (Domino 2008) de The Last Shadow Puppets, es el momento de regurgitar algunas reflexiones.

La ascendencia meteórica de Arctic Monkeys de algún modo se frenó con el segundo álbum, para mí inferior al primero. Venía a decir que esto es lo que saben hacer y, en dicho formato, pocas posibilidades de progresar se vislumbran. De modo que, cuando Alex Turner proclama que su amistad con Miles Kane de The Rascals (ex Little Flames) va a desembocar en una grabación conjunta bajo el nombre de The Last Shadow Puppets, las primeras impresiones mezclan intriga y suspicacia. ¿No suena a iniciativa pretenciosa de mocoso engordado por la fama que se atreve a dar el espaldarazo a un colega semidesconocido aún discográficamente casi virgen? Pero si de escapar de un callejón sin posible salida se trata, ¿hemos de ponerle peros poco sostenibles a Alex?

Quizás, una vez requeteescuchado el álbum, ni Arctic Monkeys estén acabados ni este aprendiz de estrella del rock le dé tantas vueltas a las cosas. Ha escuchado un par de grabaciones enmohecidas de hace 40 años –posiblemente del primer Scott walker, aunque se podrían añadir unos cuantos nombres más-, ha quedado prendado por la trama de nostalgia épica, y ha decidido –con todo el desparpajo bendito de la inconciencia juvenil- jugar un rato con ella desde la perspectiva del 2008. Como lo hicieron en su día Elvis Costello con el country, Joe Jackson con el jazz, Loquillo, etc etc etc. Al principio el híbrido no se muestra nítidamente. El arranque de la canción “The Age Of The Understatement” es parecido a la visión que The Coral tienen del western (no vamos a entrar ahora en la variante Clash), mientras “Standing Next To Me” arrebata cual tropelía inacabada (la orquestación en cinemascope la salva). Pero los golpes entrecortados de “Calm Like You”, a pesar de los arreglos vintage, son típicamente Monkeys.

Poco a poco los violines empiezan a mandar –“The Chamber”- hasta llegar a la que creo es la pieza angular del disco, “My Mistakes Were Made For You”, composición bárbara en arreglos –Owen Pallett de Final Fantasy-, interpretación y dramatismo, con los dos alternándose en los versos. ¡Los muy astutos se han sacado de la manga un clásico! A partir de allí todo se acelera: las cuerdas de “Black Plant” –más bossa– e “In My Room” –más John Barry-, la nostalgia –absolutamente genial “Meeting Place”- y –“The Time Has Come Again”- una sensación de pureza sepia que solo se encuentra, entre los grupos actuales, en contadas canciones de The Clientele . Un disco que escucharé durante todo el verano y que, una vez más y como ya dije cerrando el post de Daniel Schneider –cosas del inexorable paso del tiempo-, me hará recordar todo lo buenos que fueron los veranos anteriores.