The Little OnesA mí me gusta el pop. Como dirían psicólogos graduados en Buenos Aires que diagnostican patologías crónicas, me gusta desde pequeñito. Pero no pop a saco, sino con criterio. Ah, ya estamos con lo del criterio. ¿Qué quiere decir esto en un campo tan vasto como el pop? ¿Qué preceptos ha de cumplir una canción para pertenecer a mi club privado de las bienvenidas? A muchos Tata Golosa y LCD Soundsystem les puede sonar a lo mismo. Hace cuatro meses, viendo a los suecos Beezewax, me percaté de la delgadez del hilo separatorio: algo no me cuadraba. Al igual que otros suecos, The Envelopes –y no digo que sea requisito imprescindible la nacionalidad británica o estadounidense-, aplican los elementos del manual del buen pop respetando escrupulosamente el protocolo: guitarras ardientes, acordes apasionados, estribillos con voces dobladas, piezas cortas, etc, etc, etc. Pero a mí no me entran. ¿Y por qué en cambio otras piezas muy –pero que muy- parecidas sí? Son aparentemente idénticas y sin embargo me producen efectos distintos. ¿Tan importantes son los detalles minúsculos como para significar la vida o la muerte de una composición?
The Little Ones, si no hacemos caso del hilo fino, cuentan sobre el papel con todos los números para naufragar. En un género donde solo tienes dos probabilidades entre millones, las de los dos ejemplos antes expuestos, para sobrevivir –el pop reinventándose a diario gracias a las ideas, y el pop de guitarras intensas y melodías Beatles 65 de toda la vida-, The Little Ones han apostado por algo mucho más plano –Beatles 69- y alejado de la chispa ruidosa. Pop clásico sin excesivo vigor. Pero, como en el caso de los Squeeze de “East Side Story” décadas ha, una detrás de otra, un día tras otro, las melodías se van enganchando. Los primeros síntomas de adicción a “Sing Song EP” –casi álbum: siete canciones- se producen con el chute de optimismo de “Lovers Who Uncover”, su yeh yeh yeh insidioso y sus palmadas. La guitarra estilo George Harrison de “High On A Hill” –seguimos oliendo a Squeeze residiendo en Liverpool- también perdura, y el beat elástico de “Oh, MJ!” cae como agua de mayo: el disco se publicó hace algunos meses pero su frescura empieza a notarse ahora, con el buen tiempo. No en vano The Little Ones son de Los Angeles, tierra prometida del pop impoluto patentado por The Beach Boys a golpe de sonrisas de dientes blanquísimos, sol y bronceadores por doquier, donde todas las savias –la del cabecilla Ed Reyes es filipina- se nutren de las mismas raíces. ¿Cursi? Prueba a resistirte. Yeh yeh yeh yeh yeh yeh.