El hombre del millón de libras publica nuevo libro en Inglaterra. Será el 31 de este mes. Estamos hablando de Bill Drummond (Transkei, Sudáfrica, 1953), artista de un amplio currículo que recoge actividades tales como trabajar de A&R para WEA a principios de los ochenta, ser sufrido mánager de Julian Cope para terminar como enemigo irreconciliable del artista, atentar contra los derechos de autor con el proyecto musical The Jams, promover el “día sin música” (aparte de muchos otros boicots culturales) o ejercer de profético escritor de un libro titulado “El manual. Cómo conseguir ser número uno por el camino más fácil”. Y a fe que lo consiguió. Junto a su compinche Jimmy Cauty ideó las siglas KLF (Kopyright Liberation Front) y en poco tiempo este grupo se convertiría en el hype más vendedor de 1991. “The White Room” – y los singles que se extrajeron del LP – reventaron el mercado discográfico, le dieron la razón a su visionario creador y engordaron de ceros su cuenta corriente. Tras semejante impacto, Drummond dio carpetazo a su aventura y se dedicó a lo que siempre le interesó: el arte y sus contradicciones. Pero antes de abandonar su experiencia musical, quiso dejarnos un recado inolvidable. En 1994 citó a la prensa y televisión a una performance que tendría lugar en una isla de la costa escocesa. Pocos olvidarán aquel millón de libras volando por el acantilado y perdiéndose en las aguas del océano. Una cantidad tomada como parte de los royalties recibidos por sus números uno con KLF, ese proyecto ravero ideado para llevar a la práctica aquellas teorías desarrolladas en “El manual”. Mayor desprecio por la industria musical no cabía. Ahora podemos pensar si en aquel momento a Drummond se le pasó por la cabeza que la promoción de aquella boutade le reportaría a largo plazo mayores dividendos. O le colocaría en un escaparate mucho más sólido que aquel en el que se exponen – con pies de barro – los ídolos musicales.
Pero Bill Drummond es esto y mucho más. Su próximo libro – sencillamente titulado “17” – es la obra que mejor recoge su complejo y exuberante perfil de conspirador postmoderno, saboteador artístico o músico sin complejos. Un generoso volumen de cuatrocientas páginas que recopila experiencias propias, relatos musicales, viñetas autobiográficas y ensayos artísticos. Historias musicales narradas desde la cara oculta y maniobras del negocio artístico despellejadas sin concesiones. El propio Drummond me hizo llegar un ejemplar del libro la semana pasada (¿algún editor se atreve a publicar una traducción en castellano?) a mi domicilio, como paso previo a una entrevista que tenemos fijada en los próximos días y que casi con toda seguridad aparecerá en las páginas de El País durante el mes de agosto. El número 17: mi lectura para estos días de julio.