Hago balance de esta primera mitad de año y no encuentro esos discos deslumbrantes que animan a que vaya acabando el curso para ir diseñando nuestra lista. Encuentro, eso sí, discos modestos que me acompañarán más allá de la Navidad, pero aún no adivino esa obra que crecerá con el tiempo. En cambio, el que esto escribe, que le seduce todo lo que habita los márgenes y confunde el terror con el placer, duerme cerca de dos artefactos que han conseguido helarle una sangre a menudo caliente. Hablo de “When Horses Die” (Thomas Brinkmann) y “Hello, Voyager” (Evangelista). Con el primero reconozco que algo puse de mi parte para favorecer la seducción. El segundo es harina de otro costal. A su lado, Diamanda Galas parece una novicia de Lucifer. Evangelista – o, lo que es lo mismo, Carla Bozulich – multiplica los registros de la Galas componiendo las canciones más intensas de lo que va de año. Disco duro donde los haya. A ver si alguien lo supera.

Pero en mi lista de favoritos creo que aún nadie ha logrado convencerme tanto como lo ha hecho el “Lookout Mountain, Lookout Sea” de David Berman. O Silver Jews, como prefieran. Me acuerdo ahora de la primera vez que escuché el disco en solitario de Bill Callahan (“Woke On A Whaleheart”), hace ya año y pico. Noté que el hombre de Smog había encontrado la fórmula mágica que hace muy grande a los grandes. Callahan conseguía llegar donde antes lo hacía atajando, restándose protagonismo como compositor. Muchos preferían “Diamond Dancer”, pero a mí me encantó “Sycamore”: una preciosa canción sin vueltas ni aristas. Lo que se escucha a bote pronto es lo que permanece con los años. Me di cuenta que Callahan podía ya casi hacer lo que le diera la gana, hasta conseguir que le sintiéramos como alguien cercano; algo inverosímil para una artista de fácil admiración pero de empatía lejana. De alguna manera, me hubiera gustado vivir una temporada en la tonta felicidad de “Sycamore”. Hasta que descubrí “Open Field”, ese campo sin vallar en el que David Berman se encuentra más que feliz. Otra canción de mediano perfil que apunta con intención a unos logros personales casi vitales. Aún tengo dudas. No sé si el hecho de que una canción afecte de tal manera mi estado de ánimo es una demostración de sensibilidad o un síntoma de inestabilidad emocional. Mientras me planteo la opción de un psicólogo para el curso que viene, déjenme que la escuche treinta y ocho veces más. “Open field / with a window / open field / with no child”. Nada más. ¿Y para qué más?