Fui en 2007 por hacer la gracia (bueno, por ver a Snoop). Ahora es uno de los festivales que espero con más ganas. Este año no había en el cartel ningún estrellón que no hubiera visto ya, pero el desierto sigue siendo el mejor espacio para bañarse en electrónica macarra. Ahí va el resumen…..

-Nos alojamos en un hotel de Lérida, que está más cerca del recinto que Huesca (capital de la provincia que acoge el festival). Por la tarde el centro ya parecía Liberty City, las calles del vídeojuego Grand Theft Auto. O sea: coches tuneados, conductores musculosos y technazo a toda tralla saliendo de los cristales tintados. Me fui a tomar una cerveza y me tocó de compañero de barra un argentino que llevaba tatuados a su mujer y su hija en el brazo (con un estilo entre solemne y siniestro). No me atreví ni a preguntarle si venía a Monegros.

-Compramos billetes para el autobús que lleva a la raverbena. Diez minutos después, un colega que pincha pasa con un monovolumen, nos invita a subir y revendemos los tickets a unos chicos polacos. Cuando tenemos ya puesto el cinturón de seguridad, viene el taquillero del bus preguntando si se nos ha caído algo. Le decimos que no y saca una bolsita llena de bolsitas (como siete). Insisitimos en que no es nuestra, pero sonríe y la deja caer en el interior del vehículo. Sospechamos que se trata de una cámara oculta de Telecinco o que estamos en el equivalente local del Día de los Inocentes.

-El conductor que nos acerca al desierto anda un poco distraído. Sobre todo cuando se entera de que uno de los pasajeros es el encargado de editar los discos de Tom Waits en España. Los periódicos publicaron que los niños de Waits hicieron skate en Donosti y el chófer se ofrece para llevarlos a patinar a un parque de cemento en las dos fechas de Barcelona (ya hizo de canguro con los hijos de Jack Johnson cuando este vino a tocar). Entre los muchos trabajos de nuestro runner destaca el de camarero en el Space de Ibiza. “Lo dejé el día que los clientes empezaron a caerse encima de mi bandeja. No entendía qué pasaba. Luego me explicaron que era la ketamina“. Aunque no se la crean , el debate más encendido en la furgo es a qué edad puede empezar un niño a entender Kung-Fú Panda.

-Llegada al recinto. Se abre la puerta y nos cae encima una brutal tormenta de bpms. Por supuesto: Óscar Mulero. Esta banda sonora combinada con el desierto produce la sensación de haber aterrizado en otro planeta. Casi no nos damos cuenta cuando empieza a llover. Hacemos la gracia de calarnos en primera fila bailando seis minutos de la sesión de Ambivalent (bueno, lo mismo no era él). Tapan el equipo con plásticos y se detiene la música. Me acerco al stand de merchandising a comprar una sudadera pero antes de las nueve ya se han agotado todos los artículos de manga larga. La gente se resigna a comprar toallas playeras con las que protegerse del chaparrón (que pasa rápido).

-¿Quién se atreve a salir a escena después de cuatro horas de Mulero? Uno de los pocos que pueden dar la talla es Dave Clarke. Su sesión arrolla en la primera hora y se va apagando en la segunda. El que no decepciona es Richie Hawtin: impresionante su capacidad para hipnotizar al público del escenario grande con la propuesta más sutil y elegante posible. Lo peor de este año es el hip hop. Los grupos nacionales ya sabemos que es difícil que ofrezcan algo de nivel. Cypress Hill (1993) funcionan con los hits de “Black Sunday” (1993), pero parecen Orishas cuando se ponen latinos. Duramos menos de media hora.

-La sesión memorable es la de Aphrodite. Primero porque muchos echamos de menos la fiebre drum & bass. Segundo porque toca en el escenario más pequeño y su música se contagia más. El ritmo no es frenético, pero mantiene altas las revoluciones sin dar respiro ni aflojar nunca. Quien haya escuchado su “Aftershock” (2002) se hará una idea. La tremenda “Wooble” aún me retumba en la cabeza. Al volver a casa escribo un mail a Santi Carrillo, director de Rockdelux, para preguntarle a quién tengo que pedirle que lo fichen para el Primavera Sound 2009. Mejor si es haciendo doblete con Venetian Snares. Así no nos aburrimos otro año con la electrónica.

– Lo más intenso es la vuelta. La útima hora se ha hecho durilla. Ropa mojada + frío del desierto = mal cuerpo. Se hubiera forrado cualquier camello de infusiones, vino tinto o jerseis de lana. La sesión de Derrick May es lamentable (más estándar imposible). A ratos el frío ha sido tan intenso que aplaudimos cuando sale el sol. Nos vamos del recinto y descubrimos que no tenemos cómo volver. No hay autobuses de línea, ni parada de taxis. Los buses chárter no arrancan “hasta que acabe el festival” (término vago que puede ir de las once a la una y media del mediodía) . Corremos tras un taxi y resulta que no es un taxi (simplemente el dueño le ha pintado una raya amarilla a su coche negro). En el aparcamiento vemos una limusina que pone “Narkomonegros” y una furgoneta como la de “El Equipo A” (no descartamos que sea la verdadera). Al final andamos dos kilómetros por el arcén hasta una gasolinera para llamar al teletaxi de Fraga (el pueblo más cercano). Por el camino nos hacemos amigos de Nando, veinteañero ex-empleado del Spar que no sabe lo que es el Sónar ni Richie Hawtin. “Yo vengo por el schranz y me he quedado al final aunque todos mis amigos se habían marchado”. Además de ir en nuestra dirección es muy majo y tiene un aire épico envuelto en la toalla de Monegros, como un deportista que sale triunfante y cansado de ganar su prueba. Le buscaremos el año que viene para charlar otro rato.

-Me levanto mejor de lo que esperaba. Arrastró por la calle mi maletita con ruedas y me cae del cielo un trozo de pizza. Miró hacia arriba y espero. A los diez minutos asoma un bakala y se vuelve a esconder. Está en la planta cuarta de un hotel. Me meto en recepción a quejarme. Dentro hay montada una buena. Seis monegristas se han bebido los licores blancos del minibar y los han reemplazado por agua. La directora intenta que paguen. Les ofrece incluso un fifty fifty, pero elloscon lo niegan todo con actitud muy curtida. Cuando le explico mi caso a la encargada se pone un poco nerviosa. Con una llamada confirma que tengo razón y se disculpa a su manera: “Mira, normalmente no tenemos este tipo de gente, sino señores serios de empresas”. Baja la mirada y repara en que yo también llevo puesta pulsera del festival. “Bueno, no sé, no te lo tomes a mal, ¿has dormido aquí? ¿quieres un descuento?”.

Posdata: Atentos al cartel del año que viene. Según Juan Arnau, director del festival, Snoop Dogg les prometió que en 2009 llamaría para ofrecerles un show acompañado de Jay-Z, Puff Daddy y un coro de bailarinas. Del desierto de Las Vegas al desierto de Monegros. Ahora que están construyendo el megacasino cerca los raperos podrán fundirse el cheque esa misma noche.

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Gracias a Alejo Maside por la foto.