Como mucha otra gente, pasé trece horas en la edición número trece de Monegros. Se celebraba el siete del siete del 2007. No fue “El Día de La Bestia“, pero fue bastante bestia. Aquí resumo la experiencia en siete puntos :

La primera pantalla del vídeojuego duró seis horas. Hablo viaje entre la Plaza de España (Madrid) y el término municipal de Fraga (Huesca) en un autobús fletado por la organización. Me tocó sentarme entre un clubero conocido como “El Copón”, otro que respondía por “Jamfry” y un sonriente chaval australiano de 21 años. Este último irradiaba entusiasmo: se lo había pasado tan bien en el festival belga “I Love Techno” de 2003 que desde entonces decidió consagrar su vida al clubbing. No exagero: acudió a Monegros su camiseta de Underground Resistance y una escayola en la pierna derecha. “Es que soy camarero y a otro chico del bar se le escurrió un barril de cerveza”, me explicó sin rastro de rencor.

Frase típica del bus: “Ayer bailé seis horas de la sesión de Danny Tenaglia. Fue brutal, de lo mejor de mi vida. Las dos últimas me agarré a la cuerda tensora de la carpa, porque así tenía un punto de referencia”. Excesos aparte, ¿no resulta alucinante usar la palabra “ayer” para hablar de Monegros 2006? Parece que hay gente que pasa 364 días al año esperando este festival.

Snoop Dogg fue la primera gran estrella. Apareció una hora tarde, como todo camello que se precie. Lo habrá aprendido en Compton: cuando haces esperar por tu producto el cliente acaba por apreciarlo más. Le rodeaban siete “homies” que daban bastante miedo. Iba más chulo que un ocho, con su conjunto Burberrys y un micro con su nombre escrito con brillantes tamaño “king size”.Mantuvo su mano en el paquete siempre que no la tenía en el aire pidiendo respeto para Tupac Shakur. El show pudo haber estado mejor, sobró algún tramo flojillo y un final sin fuelle. Pero, en general, fue un rato muy disfrutable, basado en himnos clásicos, desde el hipnótico “Gin & Juice ” hasta el vacilón “Drop it like its hot”. Que vuelva, pero si es posible , con ese “show” tipo Las Vegas que montó en 2007 a medias con Puff Daddy.

– Tras trece años yendo a festivales, puedo decir que ningún escenario me ha impresionado tanto como la carpa Apokaliptika. Las actuaciones se desarrollan en un la cúspide de un trapecio-pirámide colgado unos diez metros por encima del público. Los DJs parecen ángeles exterminadores en la noche del Juicio Final. La sesión de los brasileños Pet Duo fue tan desquiciada que apenas se podía bailar. La gente estaba demasiado intimidada, quedándose quieta con la boca abierta (algunos daban saltos para liberar energía). ¿Será eso el schranz? Podéis echarle un vistazo al evento en el clip adjunto más abajo. Si os gusta hay un montón más en Youtube. Lo malo es que no dan ni la mitad de miedo que vivirlo en directo.

-Lo mejor fue Richie Hawtin. En unas condiciones tan propensas para la tralla ofreció una lección de elegancia y recursos. Fue muy especial ver amanecer en la recta final de su sesión. Pinchó el “Transitions” de Underground Resistance y me imaginé al australiano con la escayola en el aire. Fue, de momento, el mejor masaje electrónico que me han dado en 2007 (no recuerdo otro a esa altura desde la gira “Medium” de Jeff Mills en 2003). Dice el periodista Luis Lles que este es el festival en el que más aguanta, ayudado por la brisa del desierto, la calidad del cartel y lo bonito que es ver salir el sol. Tiene sentido.

-Podemos describir el ambiente del recinto como una mezcla de fiestas patronales, discoteca de extrarradio y secuela de “Mad Max” (pienso en “Más allá de La Cúpula del Trueno”).Resulta revelador que algunos asiduos al foro de Monegros se quejaran de que el festival coincidiera con San Fermín (se ve que les dolía decidir). Las papeleras brillaron por su ausencia. Como había un espacio con parrillada, la zona de las mesas quedó alfombrada de huesos roídos, tipo banquete de Óbelix. Más de la mitad del público vino con camisetas con frases humorísticas, pero ninguna hacía verdadera gracia. Bueno, quizá esa que decía “Ke asco me dáis”. Los eslóganes cutres estampados son un poco como el spam (iba a poner ejemplos, pero mejor no darles publicidad: así usamos el espacio para meter la bonita letra de la canción anteriormente citada de UR).Realmente es algo que viene bien escuchar a según qué horas, cuando estás más recpetivo.

Sonidazo: en general, el festival es impresionante, sobre todo por la calidad de sonido. También desborda la diversidad de la oferta (hay escenarios de todos los tamaños, incluyendo una especie de establo o corral). La gente tira por los sonidos más extremos (llenazo en la carpa dura) y parece pasar de los detallistas (menos de cien personas atendiendo The Orb). Con la cantidad de artistas que actúan se podrían hacer tres festivales. Monegros también arrasa en cantidad y variedad de sonrisas por metro cuadrado (ingenuas, desarmantes, artificiales o grotescas).

Postdata: Llegué a Madrid con la sensación de haber realizado una hazaña tipo David Meca. Hasta tenía en la cara la marca de las gafas. El año que viene lo mismo pido patrocinio a Plátano de Canarias o Leche Pascual. Especialmente duras fueron las tres últimas horas al sol del desierto.Quizá no fue buena idea robar aquella botella de cava que vimos por ahí suelta y beberla a las nueve de la mañana en la sesión de Ben Sims vs Surgeon. El año que viene hay que visitar más el puesto de sandía.