Llevo semanas dándole vueltas. El último disco de Will Oldham, “Lie Down In The Light” (Domino 2008), tiene algo familiar que no acierto a contextualizar. Como amante de su vertiente más atribulada –o de la que mezcla guerra y paz: mi disco favorito sigue siendo “Ease Down The Road” ( Domino 2001)-, me choca este trote acomodado en muchas canciones acompañado agradablemente por la voz femenina de Ashley Webber (¿es la bajista de The Organ?). El tipo de percusión utilizada en “Glory Goes” me recuerda la del álbum “The Shepherd´s Dog” (Sub Pop 2007) de Iron & Wine, una especie de arma dinamizadora secreta. A pesar del acorde inicial sequísimo de “So Everyone”, el estribillo es tan pegadizo como la calidez íntima de un “For Everything There´s Mole” arropado por clarinete. Y la subida interminable de “Other´s Gain” parece no tener fin. Efectivamente, el cada vez más perfeccionista Mark Nevers ha hecho un buen trabajo.

Me voy resignando a no dar con lo que busco mientras se suceden piezas de suavidad atmosférica, algunas rayando las cotas emocionales solemnes del mejor Príncipe (“Willow Trees Bend”) o del Leonard Cohen más procesionario (“I´ll Be Glad”). Rebobino un día tras otro llevado por esa sensación de impotencia que no se esfumará hasta sacar de la punta de la lengua el nombre perdido pugnando por escapar de un rincón de la memoria. Nada. El cosquilleo dichoso del crucigrama inacabado al final del ritmo buhonero de “Easy Does It” o al comienzo de “Where Is The Puzzle” siempre me devuelve al mismo punto. Hasta que ayer, repasando las trayectorias de los músicos implicados –uno es Shahzad Ismaily-, voy a parar a la página myspace que el guitarrista Emmett Kelly comparte con los demás miembros de su grupo The Cairo Gang: en ella reconocen la influencia de Jerry García. Enigma resuelto.