Como ya habíamos dicho aquí hace más de un año, Grizzly Bear empezaron como dúo y, antes de grabar “Yellow House” (2006), se convirtieron en cuarteto. Uno de los dos nuevos, Daniel Rossen, venía de un grupo montado junto a otro californiano, Department Of Eagles, que publicó un álbum llamado “Whitey On The Moon” (Isota 2003). Era un disco divertido y variado, donde conviven la electrónica baratilla de dormitorio de estudiante culto – “Romo-Goth”-, el apego por el jazz -la percusión de “On Glaze”-, la devoción de ambos por Radiohead -“Sailing By Night”-, la educación clásica -los apuntes de salmo de “The Piano In The Bathtub”, los coros gregorianos de “The Curious Butterfly Realizes He Is Beautiful”-, las combinaciones arriesgadas -como DJ Shadow: piano con bases hip hop en “Origin Of Love”-, las progresiones fáciles aunque bien disimuladas -“Family Romance”- y, en definitiva, mil ideas que nacen dispersas y juguetonas fruto de la ilusión y el ímpetu propios de unos aficionados.

Cuando ya Grizzly Bear empezaban a tener adeptos, este primer disco se reeditó con el nombre de “The Cold Nose” (Melodic 2005, nuevamente reeditado por American Dust en 2007) con cuatro cortes extra y un texto de Mark Saltzman, otrora copropietario de la discográfica Isota -¿es Jeff Saltzman, el productor, su padre, o tal vez el Jeff Saltzman productor de The Killers?-, donde explica el encuentro de Rossen con Fred Nicolaus en la universidad de Nueva York -al principio tuvieron nombres como Whitey On The Moon, que abandonaron por coincidir con otros, y utilizaban apodos como Butterfly Emerging y Iron Chrysalis– y la gestación de buena parte de los temas.

Este interés creciente por Grizzly Bear ha desembocado en la grabación de un segundo disco de Department Of Eagles llamado “In Ear Park” (4AD 2008) que cuenta con la presencia de todos sus compañeros oseznos salvo Edward Droste (más la colaboración del talentoso bajista Nat Baldwin, quien hace pocos meses publicó el álbum recomendable “Most Valuable Player”). ¿Quiere este dato decir algo? Ciertamente la preponderancia de Droste tal vez haya sumido al resto de la banda en un segundo plano, y con este disco Rossen pretenda decir  -ya de entrada en el primer tema “In Ear Park”- que buena parte del giro grizzly a lo barroco se deba a él. Sigue presente el retintín ensoñador -“Around The Bay”- montado alrededor de sonidos inesperados con combinaciones dignas de algún otro planeta pretérito -piano y voces de “Herringbone”, la entrada de “Floating On The Lehigh”-, y no le hacen ascos a lo fácil si  se consigue deslumbrar. La voz buscando el aire sobre la pureza de un banjo en el cierre -“Balmy Night”- apunta a un golpe de estado. ¿Agonizará el oso y sobrevivirá el águila? ¿Pueden compartir territorio? Seguiremos informando.