Don OmarVale, vale, ya sé que muchos lectores de revistas musicales desconfían de los periodistas que dicen que les gusta el reggaetón. Lo ven como un signo de distinción esnob que disfrutamos exhibiendo en la solapa. En fin , habrá que resignarse, aunque puede que la crónica de este concierto-excursión convenza a algún escéptico. Ocurrió el pasado 28 de julio.

Intento de acreditarse o desacreditarse: Olviden del pasteleo promocional. Aquí estamos al margen de la industria. Inútil pedir una acreditación, ni siquiera para cubrir el concierto para un medio nacional. Cuando llamabas al móvil de la promotora un Joe Pesci latino con dos cafés de más te soltaba frases como “¿Y usted desde qué año apoya a Don Omar?¿Desde cuándo, eh? ¿Cuántas notas públicas escribió sobre el concierto? ¿Dónde salieron publicadas?”. Al primer balbuceo te colgaba bruscamente. Buen comienzo.

Compra de entradas. Opté por acercarme a el Corte Inglés y todo fue como la seda. Mi amigo Carlos estaba más despistado y llamó a Ticket Latino. ¿Resultado? “Era un 902. Me tuvieron quince minutos escuchando salsa infernal. Luego me cogió una señorita que me dijo “no hace falta el nombre, sólo un número de tarjeta”.Al llegar a taquilla tenían un listado enorme de números y, no sé muy bien cómo, localizaron el mío en dos minutos. La chica me miró y dijo “gracias por confiar en Ticket Latino” . No me atreví a pedir que me borrasen”.

Llegada al recinto: Por segunda vez en nuestra dilatada trayectoria yendo a conciertos sufrimos el arco detector de metales. La otra fue hace un par de años en una sesión de Fatboy Slim. Esta vez registraban más, sobre todo a las chicas,con una agente femenina que se empleaba a fondo en los pechos. Así comenzó el “perreo”.

La espera: La sucesión de teloneros demenciales acabó con nuestros oídos. Sobre todo, por el brutal volumen y lamentable sonido La Cubierta. Deberían prohibir la música en este sitio. A las once quedó claro que la estrella no salía a su hora. En su lugar actuaban más teloneros, a razón de diez minutos por artista, cada uno más soso y espeso que el anterior. A medianoche los “artistas invitados” comienzan a hacer bromas peligrosas, del tipo “Don Omar no puede venir porque ha sido secuestrado” o “¿Tienen ganas de escuchar a Don Omar? Pues aún no viene”. El público mantuvo una calma admirable. En las barras debieron de hacer el agosto vendiendo botellas enteras de whisky a setenta euros la pieza (la primera vez que vemmos esto en un concierto). Poco a poco, la cosa se iba calentando.Cuando se elevaba un murmullo de protesta, los mcs tenían su truco: gritar la palabra “latinos” y recitar una ristra de países del continente. Funciona. A las 00:20 el público comienza a mosquearse en serio. Para evitar disturbios salieron a escena un señor de traje y un locutor presentado como “El tuercas”. ¿Su mensaje? “Latinos: tenemos que demostrar que sabemos comportarnos y disfrutar de este recinto que está a la altura de los de Estados Unidos”. Nadie protestó confirmando la paciencia bíblica de los asistentes.

El concierto: Finalmente salió Don Omar, precedido de un discurso grabado en vídeo. Nos regaló unas reflexiones -medio new age, medio samurais- subrayando que Dios le ha puesto en la cima y que está aquí para cambiar la historia de la música. Ejem. Como prometía el cartel, trajo grupo, coros y bailarinas. También doce televisores gigantes de plasma y cuatro enormes lanzallamas. Lo que se dejó en casa fue la armadura medieval que luce en la portada de “King of kings” (2006). Una pena porque en EE.UU sí se la pone. Esa noche también aprendimos que si al signo “jódete” le añades un par de dedos puede parecer una corona. Si repites el gesto muy rápido significa “rey de reyes”. Ingenioso, ¿verdad? Ben Stiller y su pandilla podrían hacer una gran película sobre reggaetón.

A pesar del sonido de lata, el show estuvo entretenido. Quizá sobró la tanda de baladas en plan Bisbal y ocho o nueve cortes de relleno. Brillaron la tórrida “Cuéntale”, el clásico “Dale, Don, dale”,la apocalíptica “Repórtense” y la explosiva “Conteo” (gana mucho en directo, aunque en el disco tiene el extra del infravalorado rapero Juelz Santana). Eché de menos “Bailando sola”, ese ritmo “killer” cuya letra habla de una “leona de la disco” que es solamente “un espejismo/de tu alcoholismo”. También faltaron esos arreglos de ametralladoras que tanto animan un estribillo. El comentario más sentido de la noche llegó con “Infieles”, dirigiéndose a las señoritas: “Si ellos valoran más su carro o a los muebles que a ustedes la solución está clara ...póngales los cuernos”. Para que luego digan que el reggaetón es machista.

El búho: A la una y cuarto ya desfilaban grupitos de gente hacia la puerta. Se perdían el gran final, pero -luego nos dimos cuenta- la prioridad era alcanzar el último metro. Nosotros nos quedamos y al salir no supimos qué hacer.Fuimos al metro y estaba tan saturado que la gente que pretendía bajarse hubiera podido usar una bayoneta. Cogimos por los pelos el autobús nocturno de la 1:15 (pasó a la 1:45), nos colocamos de pie y tiramos a cien por hora por la autopista. “Cómo alguna vez me pongan una multa en esta carretera lo cuento todo”, juró Carlos en una curva. En cuarenta minutos llegamos a la parada final: Aluche. Un taxi y veintidos euros después estábamos en casa.Coste total del concierto: 50 euros por persona (sesenta con las bebidas, casi un festival). Habíamos salido a las ocho y el reloj marcaba las tres de la madrugada. Siete horitas de nada. Nos tiramos al sofá cansados, hambrientos y sonrientes.

Posdata: Alguien lo pasó mucho mejor. Su nombre :William Giovanni Chalpariz (apellidos modificados para proteger a los inocentes). No cruzamos palabra con él, pero en la recta final del show encontramos en la moqueta de La Cubierta cuatro tarjetas de crédito :Cajamadrid, Visa Electrón, Visa Oro y Ethincity Card (para mandar giros a su país). Póker de pérdidas. El lunes entregué todas -lo juro- en la sucursal del barrio. Esperamos, William, que te hayan llegado. El “perreo” es lo que tiene. ¿En qué otro concierto se pueden perder cuatro de estas a la vez? Buscaremos a William en la Riviera el 13 septiembre en el show de Tego Calderón a ver si nos enseña su poderoso giro de cintura.