Es el periodo de eclosión. Hasta 1980 la música africana se limitaba a tres o cuatro nombres que habían traspasado el telón de acero cultural de Occidente, casi siempre de manera aislada: Miriam Makeba, Osibisa, etc. En cambio, en 1986 es moda a partir de la grabación de “Graceland” de Paul Simon, y tras él un continente entero consigue hacerse escuchar, desde Argel hasta Ciudad Del Cabo: brotaron de todos los rincones, con sus distintas formas de entender la música. Incluso muchos sellos y series se especializaron.

Empezó Earthworks, después Real World, y hoy en día tenemos Ethiopiques o Analog Africa, así como varios estilos con muchísimas etiquetas, tantas como para saciar a quienes quieran hacer de su erudición una cuestión de estado. ¿Qué ocurrió entonces para propiciar el tirón de las peñas del Magreb y de Mali, para atraer a Peter Gabriel, Ry Cooder, a Deep Forest –no todo el mérito es del mercado rock- y a Damon Albarn? Pues más o menos esto.

YOUSSOU N´DOUR & LE SUPER ETOILE DE DAKAR. “Immigrés” (Celluloid 1984). Me remito a lo dicho sobre este álbum en Rockdelux 200 al comentar su puesto 121 entre los mejores 200 discos del siglo XX: para entender este disco es necesario dejar de lado el concepto occidental de ritmo único y marcado. El laberinto es complejo, con mil ritmos serpenteando dentro de uno poliforme –mbalax– donde se intuye un atisbo de melodía. Las percusiones se superponen con precisión tribal wolof. Y esas voces como por libre, escondiendo en sus matices la alegría infantil africana y el dolor del sufrimiento de un continente entero, con la voz extasiada de N´Dour rodeada de teclados inocentes.

KING SUNNY ADE AND HIS AFRICAN BEATS. “Juju Music” (Island 1983). Los ritmos convulsos nigerianos, trepidantes y a la vez suaves pero siempre hipnotizantes, cobijan guitarras que se deslizan rumbo a nuestra felicidad, tejiendo verdaderas diabluras. A veces de manera discreta –ese chiki chiki de “Eje Nlo Gba Ara Mi”-, otras con más algarabía percusiva –“Sunny Ti De Ariya”– o con postales hawaianas –“Ma Jaye Oni”– aunque siempre con Lagos como epicentro cultural. Dentro de la vastísima obra de este guitarrista mítico, su trabajo más internacional.

ORCHESTRA MAKASSY. “Agwaya” (Virgin 1982). “Mambo Bado” tiene una entrada tan trepidante, con los vientos arriba, que la pista se hace pequeña. Desde el Congo zaireño, Uganda y Tanzania aunque grabando en Kenia, esta orquesta se prodiga con un sonido espectacular que no brilla en su plenitud hasta la segunda cara, donde “Mosese” avisa, “Mke Wangu” subraya –mirando hacia África oriental- y “Molema” penetra cual mermelada de fresa por las venas, en vez de sangre, directa al corazón. Un sol de disco.

Como complemento para quienes estén interesados en el sonido bullanguero y humano de las orquestas africanas, también me encanta “Kaivaska” (Virgin 1983) de la Orchestra Super Mazembe, otra formación congoleña de origen que emigró a Nairobi –y trascendió- con su soukous.

FELA ANIKULAPO-KUTI. “Black President” (Arista 1981). Tres canciones larguísimas –“I.T.T.” ocupa toda una cara: International Thief Thief- en una suerte de suites a piñón rítmico fijo con el funk –las guitarras, los coros femeninos y tropecientos los saxos, incluidos los de Kuti y Lester Bowie, el músico de blues y jazz marido de Fontella Bass– como arma para disparar sus mítines. Vuelve el Fela más político que nunca.

TOURE KUNDA. “Amadou-Tilo” (Celluloid 1983). Muere Amadou Toure y el grupo le dedica este álbum. Reivindicaciones autonómicas públicas desde la Casamance –aún- senegalesa. Practican un estilo propio donde se mezclan sin pudor ritmos e instrumentos occidentales con cánticos ancestrales. Si hay que tocar con bajo y batería, se toca. Y si se pierde el exotismo que busca el oído guiri, se pierde: la fusión sin traumas ni ostentación como fórmula para seguir avanzando. Contiene “Casa Di Mansa”.

THOMAS MAPFUMO & THE BLACKS UNLIMITED. “Chimurenga For Justice” (Rough Trade 1985). En un continente tan malherido, donde política y opresión van de la mano, y donde la pobreza se refugia en la religión, cada país produce sus trovadores mezclando ambos conceptos. Desde Zimbabwe –o Rodesia, que suena aún más colonial-Thomas populariza la música chimurenga, versión autóctona más ágil de los procedimientos rasta: espiritualidad, hipnotismo y reivindicación.

ROCHEREAU ET FRANCO. “L´evénement (A Paris)” (Genidia 1982). La exultante, radiante y nostálgica fuerza de los compases congoleños. Grandísimo Tabu Ley (Rochereau), también apodado Le Seigneur. Inmensa labor la suya procurando sacar a la industria discográfica nacional del medioevo, sea con su grupo Afrisa International como con la empresa Genidia, desde la cual publicó buena parte de su material y del resto de estrellas de su país, incluida M´Bilia Bel –su esposa entonces- y sus grabaciones conjuntas. Y no menos inmenso el talento de Franco –François Huambo Makiadi- y su banda OK Jazz, otra de las figuras clave de la rumba zaireña. Juntos son, como ellos afirman, la bomba.

MANU DIBANGO. “Gone Clear” (Island 1980). El artífice camerunés de “Soul Makossa” (1972) nunca volvió a repetir la proeza comercial, pero siempre ha sido uno de los músicos más vigorosos del continente. Este disco sin embargo otea nuevos horizontes y aterriza en Kingston, aprovechando el tirón jamaicano de entonces, para relajarse con las hierbas de la mafia de Sly & Robbie. ¿Más efectista que efectivo? Un experimento de tantos de este saxofonista cuya genética africana jamás le impidió sentirse libre de ataduras.

CHIEF EBENEZER OBEY. “JeKaJo” (Virgin). La evangelización en el tercer mundo produjo alianzas culturales de distinto pelaje, e incluso asistir a una misa en estas tierras encierra sorprendentes y excitantes versiones gracias al componente animista agazapado. Ebenezer Obey conjuga sus orígenes yoruba con su fe cristiana en una especie de blues devoto, que utiliza tanto la guitarra polinesia tipo Sunny Ade como el sonido de los órganos desvencijados de las parroquias locales. Sin por supuesto hacerle ascos a la amplificación sonora occidental.

HUGH MASEKELA. “Techno-Bush” (Jive Afrika 1984). Trompetista sudafricano que tuvo un éxito mundial con “Grazing In The Grass” en 1968 se adapta a los nuevos tiempos, como bien expone este álbum desde su título. En la cara norte tira de ritmos Disco –“Don´t Go Lose It Baby” incluso cuenta con un rap de época, y el medley con bajo elástico siguiente contiene versiones de su hit legendario, así como de “The Lion Sleeps Tonight”-, dejando para la sur las cadencias africanas más sensuales –y alguna caribeña: por ejemplo las steel drums de “Getting Fat In Africa”-, también pasadas por el entonces novedoso pulso digital.