
Es como si, cual Jonás, ya sólo pudiera comunicar desde el interior de la ballena en un insistente ejercicio de síntesis e intertextualidad propia, ya sea desde el estricto aliento literario o desde la cadenciosa reverberación. Bordeando desde el título una especie de acrónimo de “I’m your man” –y participando de ésta en una estructura conclusiva muy similar-, recurriendo a esa particular ofrenda al sirtaki que empezara a cristalizar en “Dance me to the end of love”, o yendo al tuétano lírico y espiritual de “Hallelujah”, “Amen” se viste de un halo sincrético puramente coheniano, como si el canadiense errante quisiera condensar aquí muchos de sus yos sin miedo a caer en la autoparodia (aun a riesgo de resultar demasiado imprudente semejante conjetura). Un acto de reafirmación estilística que participa de una obstinada invocación a modo de panoplia existencial.
[Más...]