El signo de los tiempos. Las autopistas del pop, ahora superpobladas en sus carriles de circulación por fantasmas de cualquier época y condición –sobre todo en festivales- cuando antes apenas se nos aparecían, tímida y casi anecdóticamente, desde las cunetas del recuerdo: eso que llaman comebacks o reuniones y que, a estas alturas, han pasado de inspirar el más prudente entusiasmo a provocar el más enérgico de los hartazgos.
Hay todavía, sin embargo, contadas excepciones que merecen una nueva aparición. Bien podría ser el caso de El Desvän Del Macho, desaparecidos durante más de una década –discográficamente hablando-, retornaron hace un lustro con las pilas cargadas y la misma filosofía presta a ser reiniciada. Y digo que bien podría ser su caso porque sospecho que J.G. Izcue –único miembro original superviviente después de la deserción de su hermano Francisco- jamás se ha ido. Simplemente congeló el grupo a la espera de un momento más propicio en el plano personal, ya que en el industrial se me antoja más que consciente de su papel de voluntario –y resignado- outsider.
Ese retorno a los vivos tuvo lugar con “Vida a partir del huevo” (Alehop, 2008), una entrega hasta cierto punto sorprendente porque matizaban en varios momentos su habitual sonido abrupto y su tremendismo post-corcobadiano con arreglos acústicos y de viento –entre otros- que les acercaban, según el caso, a formaciones más preciosistas como los primeros La Dama Se Esconde o El Último Sueño.
Con “Simpicis´”, su disco de este año y lanzado como el anterior con la etiqueta del sello creado por Murky (ex-Patrullero Mancuso), los de Mondragón han desenterrado del todo el sonido de su debut (“Hermana Violencia”, publicado en Nuevos Medios en el ya lejano 1992): crudo, directo al estómago y sin ambages. Aparcando samplers y soluciones clasicistas. Reincidiendo en la laceración de The Birthday Party o en la inquietud de Slint (el instrumental que abre el disco, por ejemplo y sin ir más lejos).
El terreno lírico vuelve a ser el que igualmente puede hojearse en el encarte interior: letras con hedor a ácido sulfúrico, inyectando en cada verso su habitual imaginería post-mecanicista de amorfo, hilarante y claustrofóbico antropocentrismo donde Dios apenas juega un papel bufonesco y constructivista. Poesía descriptiva, turbadora e insondable: puro delirio sincrético. Ya sólo la acritud de los títulos –marca de la casa- deja pocas dudas de lo contumaz de su propuesta, acorde con su tejido musical: “Córtame hasta la rodilla”, “El correcto uso de la cisterna” (¿soy el único que percibe un velado homenaje a Howard Devoto?), “La sangre del suelo se enfría”…
Lejos de recursos siniestros previsibles y adocenados –vivir bajo el paraguas de escuderías tan alejadas del tópico lúgubre como las arriba descritas dice mucho-, el universo de El Desvän Del Macho está más que asentado en un discurso ya del todo intransferible: surgiendo de nuevo tras la curva con las deudas saldadas y el futuro a voluntad.




