
Estoy algo así como en deuda con el autor de “Felicity”. Fue un happy monday de noviembre de 2007, en el Arts Theatre de Londres. Recuerdo que la misión era coger un avión porque no vendría por aquí cerca debido a su estado de salud, bien conocido por todos. Ni pensar en verle por un festival, ya no sólo por la reprimenda desde su “The Campaign For The Real Rock”, sino porque sus fans, aquejados de un comprensible instinto protector, nos preocupábamos de que nuestro rocker predilecto pudiera jugar con algo más que los horarios.



