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Empezar la jornada sentado en el auditori siempre anima. Los beats de Tirzah no son para bailar, y la elaboración ambiental que le construyó Mica Levi (Micachu) funciona gracias a su talento indómito a veces no correspondido: cada pulsación es un mundo para que el discurso de la de Essex cuaje. Y es sobre todo un gran aperitivo a la ristra de actuaciones de la jornada (Solange, Rosalía). En un escenario de sonorización completamente distinta, Haru Nemuri arrastra con su entusiasmo al público. Bases de pop (synth, incluso garage) programadas, y esa sensación de que los japoneses son el bienvenido antídoto naïf a los imperativos trendies de los europeos.
Sorpresa al llegar con diez minutos de antelación al escenario donde se presenta Nilüfer Yanya . Ella y su hermana, vestidas de largo y respaldadas por una saxofonista, un percusionista y un bajista, dando instrucciones a la mesa. Se entiende, pues no cuentan con la nómina productora del álbum (Joe Dworniak, John Congleton) y necesitan que “Angels” e “In My Head” sobrevivan más precarias. Aún así, muy interesante intuir el esqueleto de su manera de componer a través de la guitarra rítmica con cambios de acordes abruptos. Al lado, Frank Carter & The Rattlesnakes se centran en marcar paquete (perdón, tatuajes y stagediving) con su crudeza; y un nuevo sustantivo para la RAE. Primafuckingvera. [Más…]

Me encantan los atardeceres a primera hora en el escenario Ray Ban sentado a la sombra de la grada fresquito mientras unos pocos se tuestan al sol de primera fila. Se respira una tranquilidad de agradecer, casi siempre acorde con lo que suena, idónea para reflexionar a remolque de la música. Observando a Lucy Dacus, me dejo llevar por su indumentaria y me vuelve la imagen de Sophie Allison de Soccer Mommy, y sobre todo la de Adrianne Lenker con su blusita recatada y su crucifijo. ¿Tendrá algo de `cristiano´ un segmento de este nuevo movimiento alternativo femenino? La chica es de Virginia, y su combinación de fórmula cantautora -una “My Mother & I” confesional, o el cierre con la nueva “I Would Kill Him”- con guitarras eléctricas intensas -pero menos que Angel Olsen- atrapan, incluida la versión de “La Vie En Rose”.
Del mismo lote pero con un look distinto, Lindsay Jordan de Snail Mail tiene un punto de sobreactuación seguramente debido a su juventud y/o a una estrategia para camuflar su nerviosismo. [Más…]

 

Cartel en mano, no las tenía todas conmigo esta vez. Sé que es difícil compaginar los gustos de todos sin defraudar a nadie, adaptar los horarios a los distintos perfiles de asistentes según avanza la jornada, e intentar evolucionar, pero en mi caso se solapaban hasta tres favoritos a primera hora -luminosidad además poco propicia para músicas sensibles- mientras tras entrar la noche a menudo no encontraba un grupo que a priori me excitase. Suerte que el paladar ecléctico deja puertas compensatorias abiertas.
Así que las obligaciones profesionales acabaron marcando el perfil de la ruta sin opción a dudar. Me tocó Alice Phoebe Lou, de modo que solo pude escuchar cómodamente tres piezas de Julien Baker, cuya voz intensa -a menudo alejándose del micro para no saturar-, arpegios de guitarra y violín resultaban un cóctel perfecto en el auditori. En cambio Alice, a la que me hubiese encantado escuchar presentar el disco en el mismo recinto, salió con banda al aire libre. Más compacta y menos boreal que enlatada y, según ella, con bastante experiencia como asistente del festival, se trataba de pasarlo bien, de modo que inyectó arreglos de banda normal -con pequeños detalles: guiños al jazz con vientos, y a la tropicalia con un apunte de flauta- que me recordó en algo -¿esa visión sintética actualizada del pop-jazz-funk?- a Tom Misch. Sonaron “Paper Castels”, “Nostalgia”, “Galaxies”, “Something Holy” y “New Song” entre otras, así como una versión de “Want Me” de Puma Blue. Escuchando “She” pensé -por sus orígenes sudafricanos- que también podría haber caído alguna de Vampire Weekend. [Más…]

Llegué con Nuria Graham enfrascada en su folk voluble con tintes psicodélicos. A ratos me recordó el radio de acción de Ryley Walker. Quizás así hubiese sonado una Joni Mitchell adolescente de haber nacido tras el impacto de Nirvana.
“Thank you for flying Montero today / You got a first-class ticket going all the way”. La sorpresa de Montero no está tanto en la accesibilidad de los estribillos como en su luminosidad. Australiano con aire de Fernando Tejero rodeado de músicos griegos con apego por baladas italianas, haciendo de Destroyer amanerado. Con una pizca de Jarvis Cocker. Y lejos de la órbita anglosajona. ¡Qué bien se está lejos del hype! [Más…]

Empecé la jornada con la segunda mitad de la oferta de pop ágil y vibrante de El Último Vecino, muy estimados por aquí. Y a continuación primera gran alegría. Con Waxahatchee comparece su hermana Allison Crutchfield, otra que debería gozar de mayor proyección. Vestida de rojo, se confina en un rol gregario que me mantiene absorto. Curioso, al igual que la mayoría de grupos femeninos -salvo excepciones como Haim después-, la presencia masiva de guitarras -a veces tres- se centra más en la rítmica que en los solos.
La propuesta entre lo occidental y lo africano que ultimamente propone Oumou Sangaré es un cañón. Lo de Mali -ngoni incluido- llevado a la pista de baile, y añadiendo pespuntes de guitarra nerviosa tipo Songhoy Blues. La pedagogía del trance con instrumentación moderna y accesible gracias a la complicidad de los músicos y dos voces de acompañamiento femeninas que, además de hacer las funciones obreras para la abeja reina Oumou, diosa impresionante en su vestido largo blanco, regalan ese ejercicio de energía contagiosa que anima cualquier festival. [Más…]

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