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Cuando compré el primer álbum de Peter Case, de título homónimo (Geffen 1986), no sabía que había sido miembro de The Plimsouls. No me fijé en su nombre, sino en la lista de créditos que avalaba a un debutante. Una coproducción de T-Bone Burnett –le ayuda en algunas composiciones nada menos que Mitchell Froom-, autor de discos tan cristalinos como “Proof Through The Night” (1983), además de producciones ilustres para gente como Los Lobos, Marshall Crenshaw y Elvis Costello, era garantía suficiente. Más abajo, también en la contraportada, destacaba una “Small Town Spree” con arreglos de Van Dyke Parks. [Más…]

Un par de consideraciones previas. La evolución musical es cíclica. Renovación, consolidación, estancamiento, regeneración, y vuelta a empezar. Las distintas oleadas de divas del country, desde Patsy Cline hasta Loretta Lynn, encontraron hace medio siglo a una joven Emmylou Harris que dio un aire nuevo –gracias en parte a Gram Parsons- más allá de las normas conservadoras. Tuvieron que pasar otros diez años hasta que surgiese otra gran voz con querencia folk, Nanci Griffith, para que con su tercer álbum “Once In A Very Blue Moon” (1984) diese el toque de atención de su potencial. La otra consideración tiene que ver con ese plus inherente a la denominación de origen tejana. Como si ayudase haberse criado en el mismo estado que Townes Van Zandt, Joe Ely y Guy Clark. [Más…]

Aunque a día de hoy se perciban como `grandes éxitos´ maquillados, hubo un tiempo en que los discos en directo tenían vida propia, sobre todo cuando empezaron a proliferar hace medio siglo. Uno de los mejores ejemplos es “In Concert” (Vertigo 1972) de Magna Carta, una formación de folk que pareció coquetear con el rock progresivo pero finalmente dio prioridad a sus virtudes acústicas. Grabado en un lugar de la raigambre cultural del Concertgebouw de Amsterdam (inaugurado en 1888), muestra la maravillosa capacidad de unos músicos para conectar en clave acústica con una audiencia receptiva a través de una calidez distendida. [Más…]

Por mucho que se haya subdividido y titulado de modos distintos, el pop británico de guitarras regenerado tras el punk siempre ha mantenido ciertas coordenadas constantes. The Brilliant Corners son un buen ejemplo. Cuando surgieron en 1983 con el single “She´s Got Fever”, buscaban el disparo corto con residuos de pólvora garage-punk. Poco tiempo después, a remolque de la popularización del C86, encajaron con calzador aportando su pluma costumbrista –como la de los Madness post ska- y varios temas que merecerían ser coreados en cualquier pub de Bristol (sí, allí hubo vida antes del trip hop). [Más…]

En 1979, una vez asimilada la resaca del punk, incluso The Jam –que habían surgido como una respuesta estilística acogiéndose al revival mod: trasgresores pero bien vestidos- buscaban evolucionar tras marcar territorio con los tres primeros álbumes. Y es entonces cuando Secret Affair, también encarados al mercado mod, despegan como seguidores de los vínculos de la música de color popular en el ambiente musical revoltoso británico de traje y corbata.

Por ello, “Glory Boys” (I-Spy 1979) fue recibido como una bendición en el sector. [Más…]

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