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Peter Cat Recording Co.
02.09.2019

Uno de los placeres a recomendar en cualquier viaje al subcontinente indio es permitirse el lujo de una merienda estilo inglés en un hotel colonial con solera. En el Amangalla -de la prestigiosa cadena Aman- en Galle, Sri Lanka, el té con scones es delicioso. Y no solo por el sabor resultante al fundirse la mantequilla con la mermelada, insuperable, sino por degustarlo en un marco único donde el presente y el pasado se confunden. ¡Qué manera tenían los británicos de disfrutar en sus colonias! Hoteles con encanto encontrarás por doquier en aquellas latitudes. En Calcuta, Madrás o Bombay -el colonialismo se ha difuminado en la nomenclatura: ahora se llaman Kolkata, Chennai y Mumbai respectivamente-, en el Oberoi Grand, Royal Meridien o en el Taj Mahal Palace (el buffet de curries del mediodía de este último era histórico). Puedo imaginar aquellos salones, aquel servicio y aquellos ágapes medio siglo atrás ribeteados por una banda local haciendo versiones de Dean Martin, Sinatra, Tony Bennett o, más coherente aún, Engelbert Humperdinck.
Precisamente a eso suena “Bismillah” (Panache 2019) de Peter Cat Recording Co., una agrupación de Delhi dispuesta a encajar esta herencia en el presente. [Más…]

Khruangbin en Bangkok
08.06.2018

Por esas cosas de la vida, en una visita de trabajo a Tailandia coincidí con una actuación de Khruangbin. Nunca mejor encontrada la ubicación, pues este trío tejano está fuertemente influido por estructuras musicales de la zona, tanto tradicionales (la música molam de la región de Isan y Laos) como las adaptadas por los revisionistas actuales (por ejemplo Khun Narin). El caso es que, ante semejante confluencia, uno, que lleva años tragando música tailandesa en los taxis de Bangkok, de pronto ve germinar estos sonidos hipnóticos en una savia con sabor nuevo, recuperando súbitamente recopilaciones de canciones thais seventies opíparas como las contenidas en “The Sounds Of Siam, Leftfield Luk Thung jazz & Molam In Thailand 1964-1973” (Soundway 2010). Todo dinamizado por la aparición de Khruangbin. [Más…]

La memoria me falla. Sé que en algún artículo lejano ya he hablado en el pasado de las sensaciones aprehendidas en 1985 en la ciudad de Manila, cuando aún mandaba el dictador Marcos. Aquella belleza extraña que golpeaba surgiendo de la miseria, como un rayo de alegría por encima de la fatalidad. Entonces la mía era una mirada joven capaz de obviar todo lo malo a cambio de una brizna de vida excitante imposible ya de degustar en Occidente. Además Manila era extraordinariamente musical; cada calle del barrio de Mabini tenía locales múltiples con música en directo donde se fogueaban bandas conocedoras del último éxito del momento que luego emprendían el exilio a todos los rincones -sobre todo turísticos- del sudeste asiático. Desde Corea a Bali, si había una banda tocando en un local, seguramente era de origen filipino. Y encima devoraban los hits venidos de fuera según un criterio muy del país. [Más…]

Khruangbin
30.03.2018

Cuando se habla de propuesta innovadora, no tiene por qué nutrirse ésta de elementos musicales inéditos, basta sencillamente con combinar influencias conocidas de manera original. Una de las más interesantes del panorama actual es la de Khruangbin. [Más…]

Regresé justo a tiempo, tras el exhaustivo control de bolsas a la entrada -a las autoridades australianas les parece bien que solo se droguen los aborígenes urbanos homeless-, para pulsar furtivamente cinco minutos de la épica contenida en la voz femenina de Amy Shark. Cerquita, Rolling Blackouts C.F, con las tres guitarras al frente -dos primos, dos hermanos: banda familiar-, ejecutaron mayormente las piezas de su indispensable EP “The French Press”, así como el nuevo single “Mainland”. Se les espera el primer álbum pronto, pero mientras tanto los asistentes nos dimos un buen baño entre las cenefas de juegos de guitarras bien trenzados, onda Feelies con adrenalina de intensidad transoceánica. Tanto el bajista de Cable Ties como sus dos compañeras al lado mío parecían conocer cada sílaba de los textos de las canciones. Más festivalera era la propuesta de Wolf Alice, por el diseño de las canciones y la actitud. Las bandas británicas suplen algunas carencias con trucos que funcionan muy bien sobre la tarima, desde el vestido rosa salmón de una delgada Ellie Rowsell hasta los movimientos de los instrumentistas. Y no es que el rock & roll sea un circo y precise de sobreactuación: está en la manera de vivir esta cultura desde pequeños. Furia controlada, algún guiño a los altibajos sonoros de Pixies, y más ruido que nueces en una de las agrupaciones triunfadoras del 2017. Desde lejos “Don´t Delete The Kisses” y “Bros” me llegaron distantes y carentes de los matices que las hacen tan contundentes en estudio.
Descarté el tramo final de Wolf Alice porque me parecía, como en efecto así fue, mucho más interesante la propuesta de Aldous Harding. [Más…]

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