Shaboozey

A Collins Obinna Chibueze, oriundo de Virginia e hijo de inmigrantes nigerianos, le atrajeron los sonidos nobles de la tierra a la par que crecía en un entorno de hip hop. Mantuvo un perfil bajo combinando las dos músicas –dos álbumes- como Shaboozey, hasta que Beyoncé le reclutó en 2024 para “Cowboy Carter” mientras a su vez publicaba “Where I´ve Been, Isn´t Where I´m Going”.

En su nuevo disco “The Outlaw Cherie Lee & Other Western Tales” (American Dogwood 2026) cuenta con invitados actores –Jamie Foxx, Teyana Taylor, Sam Elliott- y prioriza el country blues por encima del hip hop. De hecho tan solo dos piezas, “Til Sunday” y “High Noon” –ésta con Gunna invitado- presentan bases en primer plano, y además la segunda –junto a “Lone Survivor”- tiene una influencia importante del sonido western de Ennio Morricone. Ya como híbrido más disimulado –métrica flow, pulso rítmico apalache- se escucha “Sweet Revenge”.

Una de las características es la voz, un barítono negro rasposo que queda genial con fingerpicking y armónica (“Kissed By An Angel”), acústica y violín (“Death Of Jeremiah Walker”) y coros de cantina sobre guitarra slide (“If I Was An Outlaw”), pero sobre todo se encumbra cuando trabaja una pieza del contagio country exultante de “Cowgirl”. Gracias a esta versatilidad y la ciertamente original propuesta –aunque no ha sido el primero-, se proyecta con un atractivo indiscutible.

Baby Queen

A veces se hace difícil en estos días separar el grano de la paja, y bien lo saben las multinacionales a la hora de pulir biografías para conseguir una mayor penetración en el mercado. La de Anabella Latham, o sea Baby Queen, es atractiva: adolescencia sudafricana, sexualmente ambigua, con algún que otro trastorno juvenil, y devota de Taylor Swift, con un debut de pop fácil que le abrió puertas tras mudarse a Londres y USA. Y un dato más para ayudar con el perfil: ha abierto para Olivia Rodrigo.

Su nuevo álbum “I Hope You Don´t Remember Me” (Sony UK 2026) es menos condescendiente, y desprende cierta acritud aunque sin renunciar al marchamo pop. Más correoso (“Permanently Obsessed”) y afilado (“Spite”), también contiene cortes de brío sedoso (“That´s Fine”) que pueden evocar a Haim, pese a que ella dice que sus referentes actuales son tipo Courtney Barnett y Clairo (el crescendo catártico de “Abigail” la sitúa en un entorno indie).

A mí me gustan sin embargo los detalles que vienen -consciente o inconscientemente- de origen. Más allá del simulacro de marimba en “Word Vomit”, en “Feel Something” genera esa bonanza africana –más sutil que Paul Simon o Vampire Weekend- tan cálida. Y tampoco esquiva la tentación electrónica con el chispazo electro de “Tongue-Tied” y una ampliada –ya la publicó en enero- “I Hope You Don´t Remember Me” que bien podría figurar en el catálogo de Pet Shop Boys.

«Hard Life» (The Tubs)

Gran parte del atractivo de The Tubs es la personalidad de un sonido donde confluyen referentes distintos gracias a la intensidad instrumental y a la voz peculiar de Owen Williams. Todo lo que se dijo aquí del disco anterior “Cooton Crown” (2025) ahora se refrenda y amplifica con “Hard Life” (Merge 2026): una extraña combinación de melodías jangle, intensidad hardcore y fragancia fresca aportada por algún elemento instrumental folk.

En la fórmula, la disuasión jangle es obvia desde el primer acorde de “Hard Life”, atropello de confusión eufórica y agresividad punk que se ve tamizada por una frescura celta en segundo plano, mientras la voz de Owen recuerda a los folk singers –y alguno prog- de los tiempos de Island de 1970, también palpable en “Stoop To Me”. Violines y mandolinas que a veces alcanzan el primer plano cuando la melodía folk es muy evidente (“Heaven Or London”, “Didn´t I Say” el fingerpicking líquido de “AsLong As You Leave” o el aire de Waterboys con voz áspera de “The Way It Goes”).

Con apariencia más musculosa llegan las canciones que circulan directamente por el canal eléctrico, imperfectas pero con convulsión feliz (“”Who´s Gonna Love You Now?”), urgencia de manual new wave (“Now And Then”) y sobre todo una buena tonada a mano (“Hell”). La sorpresa corre a cargo de “Do Yourself A Favor”, modificación recortada de una canción de Prince en clave disco jangle saltarín, y, generalizando, sobre todo el peldaño ascendido sin que el sonido se resienta tras la marcha de George Nicholls y la entrada de Dan Lucas.

«Days» (The Mountain Goats)

A John Darnielle le tengo por un erudito del universo del rock independiente, seguramente porque sus textos siempre han sido interesantes e implicados a la hora de describir las entrañas de éste. Nueve años atrás se adentró en el vendaval de sensaciones que se columpian entre el músico y el aficionado a la música en el álbum “Goths” de The Mountain Goats, volviendo ahora sobre el tema, desde otro ángulo, con “Days” (Cadmean Dawn 2026).

Una de las virtudes del álbum es contar con la producción de John Congleton, partícipe en discos de calañas variopintas durante el último cuarto de siglo, y hábil a la hora de vestir apropiadamente el discurso de sus contratantes. En principio, sus conocimientos de pop y a la vez de sonidos duros, sirven –como se aprecia en “Song For Laney Staley”- para no desproteger las resonancias acústicas de la banda, y a la vez proveerla de una subida tipo Nirvana, seguida de pop aguerrido –“Charlie Sheen Reaches Out To The Feds”-, mientras en “Shallow Grave” se inclina por el pop lineal con fragancias folk a velocidad de crucero radiante a lo Belle & Sebastian.

John Darnielle apenas tenía nueve años cuando se publicó “Live At Carnegie Hall” de Renaissance, pero no duda en fantasear con el tema “Annie Haslam Imperial Phase”. Asimismo reconoce la importancia del imaginario escocés en el mundo del folk en “Going To Fennario”, apunta las diferencias entre los festivales de Woodstock en 1969 (LSD, marihuana) y su réplica en “Woodstock 99” (cocaína), contraponiendo melodías bonitas –incluso solemnes- a títulos inquietantemente duros (“Best Hard Rock Albums 2013”, “Hidden Majesty Of Later Venom Albums”). Para disfrutar sin prisas.

«Past The Veil» (Shannon Lay)

Con un currículo que contaba con el aval de Kevin Morby y producciones a cargo de Ty Segall y Jarvis Taveniere, tocaba un cambio de tercio tras cinco años de silencio creativo solo roto por un álbum de versiones en el que participaba Rob Shelton, ahora productor de “Past The Veil” (All The Best! 2026).

El cambio se escucha sustancial, sobre todo porque Shannon Lay deja a un lado las bases de guitarra de folk para aventurarse en terrenos afines a talentos de color. Del jazz sedado nocturno con escobillas y orquestación de “Moving” se pasa en seguida a la sorpresa de un pulso bailable en “What Does It Mean?”, pese a la flauta floral. La sección de cuerdas reaparecerá esporádicamente después –con el sintetizador como protagonista en “The Calling”- pero los beats lo harán de modo más prominente, Como en “Honest Man”, o en clave funk lento en “Past The Veil” y en el cierre disco con “I Need More Water”.

Las piezas más interesantes a nivel evolutivo se encuentran en la segunda mitad. Tras la instrumentación modernista de “Whom Gods Destroy” y el flujo indie pop directo de la composición más fuerte –“Horizons”-, toma el mando la electrónica, que atrapa en “Room For Less” por la ambivalencia entre ecos pastorales e industriales, y remata “Sky Song” con ribetes ambient, dejando atrás su imagen previa de cantautora californiana al uso.