Rachid B

Ignacio, conocido como lector y colaborador por estos lares como Cerillas Garibaldi, es un aficionado a la música que también disfruta intentando dar a conocer a músicos minoritarios, y ahí está –entre muchas actividades inversoras- la colección impresionante de singles de discos Garibaldi.

Lo último que me viene de él es la recomendación –junto con sus colegas melómanos Sergio Lemaris y César Dos Santos- de Rachid B, artista multidisciplinar que llegó a España como pintor gracias a una muestra de arte marroquí en 2000 y derivó su talento también hacia lo musical.

Todas las presuposiciones, sobre todo acerca de sonidos étnicos que pudiera contener “Al Ghorba” (Discos Centeneros 2025), se esfuman tras la intro de guitarra mozárabe de “Al Amazigh”, y la única concesión se encuentra entre líneas –porque es un blues más hobo que sahariano- en “Thwahachtik”. Todo el resto del álbum transcurre en una mezcla de guitarras acústicas y electrónica de cantautor con un plus de melancolía mediterránea que le confiere una identidad propia, con seguramente mucho que ver con la ambivalencia de arraigo y desarraigo que conlleva la emigración. Asombra de entrada la textura peculiar de “Tarik” (a mí me recuerda a Montgolfier Brothers), la pulpa Nick Drake de “Nass Ghalien” y la de Sam Beam de “Sadekki”, así como los arpegios de “Glessthdak”. Del lado electrónico se sitúan “Al Ghorba” con aires de synth pop retro tan luminoso como Yazoo y OMD, y “Holmmm” (certero solo acerado contrastando con el predominio digital), o el poso tipo “Why Can´t We Live Together” de Timmy Thomas en “Al Makan”. También caen dos reggaes, el fantástico “Al Homm” –por la calidez del sonido de unas steel drums de feria- y el más sinuoso “Baiiid”. Para dejar claro que éste es un excelente debut, con músicos y técnicos implicados como Xisco Rojo y David Rodríguez (Beef, La Estrella De David), poco antes del final surge “Khedma”, una preciosidad con base de piano crepuscular.

Un disco, como el de Tamino, conteniendo las virtudes de la integración. A descubrir.

Rafael Berrio. Niño Futuro

Hace 8 años apareció Rafael Berrio en la Mochila y en mi vida. “1971” era un álbum ‘maldito’ y despertó en mí una admiración por alguien que era capaz de plasmar en una canción, “Este Álbum”, la mayor dosis de melancolía que nunca había oído. No era un artista que campara a sus anchas en los renglones de este blog, por eso quizás no volvió con sus canciones.

Canciones que le siguieron acompañando hasta estos momentos tan duros de despedida. Una despedida dolorosa, que deja proyectos e ilusiones inertes en el aire, en el nunca más.

Sus canciones son poemas que nadan entre la vida y la muerte en un difícil equilibrio de amor, que no morirá con él, y de anhelo por la alegría y la hermosa vida llena de todas las criaturas nocturnas de Donostia.

Estos años han sido años de plenitud artística, de ideas y proyectos variados, de bohemia, de rock, de ópera, de películas y, sobre todo, de Berrio en estado puro, pura esencia destilada en “Niño Futuro” (2019). Sigue leyendo Rafael Berrio. Niño Futuro

Devon Williams

“En estos campos de Tercera ves mejor fútbol que en el partido de los domingos de la tele” me decía mi padre viendo al Pegaso luchar por el ascenso a Segunda B contra el Alcira. Todos los chicos del barrio habíamos admirado la llegada del mercedaco de Luis Suñer (dueño de Avidesa y del Alcira) al campo de Ciudad Pegaso.

Por alguna razón genética en mi familia siempre hemos buscado el anonimato, a través de equipos de Tercera o de música ajena a los 300 discos de 30 años. La tara alcanza todos los aspectos de mi vida, por lo que no me queda más remedio que volver a insistir con Devon Williams. Sigue leyendo Devon Williams

Rafael Berrio

A mediados de los años 80 se publicó una revista musical de vida breve que se llamaba Rock in’. En su segundo número estrenó una sección a cargo de Ramón Súrio titulada Discos Malditos. Y comenzó con un disco que, claro, había pasado desapercibido, era “Crazy Rythms” de The Feelies de 1980. Necesité cinco años para descubrir ese disco maldito. En estos momentos, en la Era de Internet, creía que los discos malditos ya no existían, creía que podía haber discos oscuros, difíciles, de culto, etc… pero ¿malditos? Sigue leyendo Rafael Berrio