«Melanchole» (Salvia Palth, 2013)

Desde que la supervivencia del mundo de la música depende del universo digital, las redes sociales en muchos casos se han erigido en jueces del éxito de más de una grabación. No siempre con efectos inmediatos, de modo que trabajos de bastantes artistas han estado en barbecho durante años a la espera del momento para ser reivindicados. O simplemente su popularidad ha crecido a través de una cocción lenta.

Por ejemplo “Melanchole” (2013) de Salvia Palth, el alias de Daniel Johann Lines, un neozelandés que lo grabó –casi todo solo, salvo algunos tramos de percusión a cargo de Ike Zwanikken- entero con apenas quince años. Un dechado de –título explícito- melancolía adolescente lo fi confusa en el que conviven las incertidumbres de la edad –no sé, no recuerdo, no conozco, estoy así de frío, soy pequeño, soy viejo, no sé por qué estoy en este party, etc- con un sonido en forma de nebulosa. El dream pop en los límites de la consciencia de “I Don´t Want To Ask Your Father Or Anything” se ganó adeptos por la precocidad del protagonista, así como por saber estructurar lo onírico con cierto músculo en clave one man band, y “I Was All Over Her” incluso ha llegado a casi quinientos millones de streams. A la altura de “Like You Know I Get Old” el sueño deviene apocalíptico, mientras muestra que los instrumentales son parte de la clave de su discurso, con “Madison” (ambient con algún acorde pillado de la canción neozelandesa “Mary Mandull” de Madison.v) y la preciosa “(dream)”. “Girl” no hace más que subrayar una belleza real que surge de lo irreal desde los confines de las antípodas.

«Get It» (Dave Edmunds, 1977)

A Dave Edmunds le sigo desde casi niño, cuando en navidades de 1970 se instaló en el número uno de los charts británicos con el single “I Hear You Knockin´” –versión de un tema encumbrado por Smiley Lewis en 1955-, aunque la verdad es que durante los cinco años siguientes no me fijé mucho en la trayectoria del galés, una hormiga trabajadora obsesionada con el rock & roll fifties original a la que le daba igual ir por libre –en muchos de sus discos toca todos los instrumentos- que en grupo: consiguió abrir puertas como miembro de Love Sculpture gracias a la versión de “Sabre Dance” en 1968,y después montó Rockpile, que casi acabó funcionando en modo colectivo. Sigue leyendo «Get It» (Dave Edmunds, 1977)

«Border Affair» (Lee Clayton, 1978)

Durante su infancia en Tennessee ya mostró Lee Clayton maneras aprendiendo armónica y pedal steel. Intentó buscarse la vida como cantautor en Nashville y consiguió colocarle la composición “Ladies Love Outlaws” a Waylon Jennings en 1972, para finalmente, tras porfiar en grabaciones menores, fichar por Capitol.

El estilo de Clayton sin embargo rompía los clichés. Era country, pero con actitud de rock de carretera esponjado a través del soul: en “Border Affair” (1978) conviven baladas, country de libro –la canción titular- e híbridos donde se acoplan vientos con pedal steel y punteos de guitarra. Sigue leyendo «Border Affair» (Lee Clayton, 1978)

«Young Team» (Mogwai, 1997)

Casi al mismo tiempo que Godspeed You! Black Emperor en Canadá, Mogwai se formaron en Escocia, y ambos debutaron en 1997. Los dos pilares del post rock moderno.

Casi toda la producción de “Young Team” (Chemikal Underground) corrió a cargo de Paul Savage (The Delgados) y solo se acredita “With Portofolio” a Andy Miller. Un sonido rico en matices pese a la aureola ruidosa del género. En los temas largos, la fórmula consiste en arranques tranquilos cuya intensidad instrumental va en aumento hasta incendiarse. Sigue leyendo «Young Team» (Mogwai, 1997)

“Time Waits For No One” (Mavis Staples, 1989)

En 1971, una de las bazas inesperadas de Stax –en periodo de transición entre el southern funk y Isaac Hayes- fueron los veteranos The Staple Singers que, con un ímpetu inesperado acompañando a su convicción social, hicieron bailar a medio mundo con “Respect Yourself”, para sentenciar pocos meses después con el número uno de “I´ll Take You There” ganándose la fama eterna.

Muchos músicos populares después reconocieron su deuda con The Staple Singers, sobre todo porque no entendían gozar de semejante fama mientras sus inspiradores languidecían en el semianonimato. Sigue leyendo “Time Waits For No One” (Mavis Staples, 1989)