«Siblings» (The Simps, 2022)

Se mencionó brevemente “Siblings” (Lex 2022) de The Simps como referente en una reseña de “Spiral Your Way Out” de Zzzahara en marzo, y en el transcurso del verano he tenido la oportunidad de disfrutarlo más detenidamente. Y porque es de la clase de grabaciones anónimas cuyo placer se multiplica a medida que te familiarizas con sus tonadas estivales, he buscado un hueco para subrayar sus virtudes.

Es el producto de dos jóvenes de origen filipino trabajando sonidos de pop con los materiales más baratos disponibles –digitales- para crear desde una habitación. La mayoría de sus canciones rápidas cabalgan con pulsaciones tipo Motorama –también Vitesse y Nation Of Language- como “Everyone´s A Critic” o los singles más urgentes “On Fye” y sobre todo “Tesla” –ahí bajo y batería pescan de Joy Division/New Order- cuya fácil penetración en nuestro sistema nervioso nos predispone a un optimismo nostálgico mientras contemplamos Los Angeles desde el extrarradio.

Bajo este estado de ánimo angelino, aunque más melancólico, opera el single “Hold Me Down”, trabajando más el sinte. De hecho –salvando la frescura de las guitarras rítmicas apuntando a romance en “Heavy”- se apoyan en él para la mayoría de arreglos del álbum. Dicen que compusieron “Codeine Coma” como guiño a “Chamber Of Reflection”, canción que compuso Mac DeMarco con un Roland que luego les regaló; “Guardian Angel”, según ellos, es la canción Beach House del disco; justo antes, entregan la acuarela etérea de “Berry Bowl Evil Boss Level” (cuando por fin empiezas a mirar adelante tras la ruptura de una relación). Y el final de dream sintético fantástico con “Miss Fortunate” impulsa a lamentarse acerca de las razones desconocidas que les impidieron grabar un segundo álbum. Un poco la misma sensación que con Family.

«Listen To The Water» (Luke Steele, 2022)

Desde que llegué a la conclusión de que “Miniskirt” de The Sleepy Jackson es una de mis canciones de country favoritas, allá por el año 2003, he pensado en Luke Steele como un compositor excepcional, y me parece que lo certificó con creces tres años después en aquella obra de arte pop –nivel Beach Boys- titulada “Personality: One Was A Spider, One Was A Bird”. Después vino el cambio de registro formando Empire Of The Sun junto a Nick Littlemore de Pnau, hasta que tras “Two Vines” (2016) se agriaron las cosas, Luke se enfrascó en otros proyectos –colaboraciones nunca han faltado, como con Jay-Z en 2009 y Beyonce en 2012- tal que DREAMS junto a Daniel Johns de Siverchair, quedando rotas las relaciones con Littlemore sobre todo a partir del covid.

Tras reubicarse Steele en Los Angeles, se mudó durante la epidemia a una cabaña del norte de California que llamó Luke Steele Eccentric Farm, y allí grabó su primer y único álbum hasta la fecha en solitario, “Listen To The Water” (EMI 2022). Básicamente erguido sobre acústicas, juega con algo de instrumentación –también electrónica- para catorce canciones cuyo perfume agradable no consiguió convertir ninguna en hit. Combina psicodelia suave (“Listen To The Water”) con slides (“Keep On Trying”) y electrónica (“Armaggedon Slice”), con la ornamentación justa para cada situación (“Common Man”), pero en pocos momentos (“Running, Running”) destaca una por encima de otra. Lástima que apenas suscitase interés, situación que podría revertirse tras el retorno de Empire Of The Sun.

«Melanchole» (Salvia Palth, 2013)

Desde que la supervivencia del mundo de la música depende del universo digital, las redes sociales en muchos casos se han erigido en jueces del éxito de más de una grabación. No siempre con efectos inmediatos, de modo que trabajos de bastantes artistas han estado en barbecho durante años a la espera del momento para ser reivindicados. O simplemente su popularidad ha crecido a través de una cocción lenta.

Por ejemplo “Melanchole” (2013) de Salvia Palth, el alias de Daniel Johann Lines, un neozelandés que lo grabó –casi todo solo, salvo algunos tramos de percusión a cargo de Ike Zwanikken- entero con apenas quince años. Un dechado de –título explícito- melancolía adolescente lo fi confusa en el que conviven las incertidumbres de la edad –no sé, no recuerdo, no conozco, estoy así de frío, soy pequeño, soy viejo, no sé por qué estoy en este party, etc- con un sonido en forma de nebulosa. El dream pop en los límites de la consciencia de “I Don´t Want To Ask Your Father Or Anything” se ganó adeptos por la precocidad del protagonista, así como por saber estructurar lo onírico con cierto músculo en clave one man band, y “I Was All Over Her” incluso ha llegado a casi quinientos millones de streams. A la altura de “Like You Know I Get Old” el sueño deviene apocalíptico, mientras muestra que los instrumentales son parte de la clave de su discurso, con “Madison” (ambient con algún acorde pillado de la canción neozelandesa “Mary Mandull” de Madison.v) y la preciosa “(dream)”. “Girl” no hace más que subrayar una belleza real que surge de lo irreal desde los confines de las antípodas.

«Get It» (Dave Edmunds, 1977)

A Dave Edmunds le sigo desde casi niño, cuando en navidades de 1970 se instaló en el número uno de los charts británicos con el single “I Hear You Knockin´” –versión de un tema encumbrado por Smiley Lewis en 1955-, aunque la verdad es que durante los cinco años siguientes no me fijé mucho en la trayectoria del galés, una hormiga trabajadora obsesionada con el rock & roll fifties original a la que le daba igual ir por libre –en muchos de sus discos toca todos los instrumentos- que en grupo: consiguió abrir puertas como miembro de Love Sculpture gracias a la versión de “Sabre Dance” en 1968,y después montó Rockpile, que casi acabó funcionando en modo colectivo. Sigue leyendo «Get It» (Dave Edmunds, 1977)

«Border Affair» (Lee Clayton, 1978)

Durante su infancia en Tennessee ya mostró Lee Clayton maneras aprendiendo armónica y pedal steel. Intentó buscarse la vida como cantautor en Nashville y consiguió colocarle la composición “Ladies Love Outlaws” a Waylon Jennings en 1972, para finalmente, tras porfiar en grabaciones menores, fichar por Capitol.

El estilo de Clayton sin embargo rompía los clichés. Era country, pero con actitud de rock de carretera esponjado a través del soul: en “Border Affair” (1978) conviven baladas, country de libro –la canción titular- e híbridos donde se acoplan vientos con pedal steel y punteos de guitarra. Sigue leyendo «Border Affair» (Lee Clayton, 1978)