Me voy a permitir la libertad, aprovechando que en “Remembering Now” (Exile 2025) Van Morrison tira de nostalgia, para hacer yo lo mismo tras una relación larguísima –de más de medio siglo- con su música. Le conocí a través de “Domino” y el disco “His Band And The Street Choir” en 1971 –único álbum suyo publicado en su día por Hispavox-, y en un viaje a Los Angeles en 1973 adquirí tres LPs –“Astral Weeks”, “Moondance” y “Tupelo Honey”- que no solo cambiaron mi vida, sino que los dos primeros siguen presentes en una lista hipotética con los 10 discos de esos de llevarme a la isla desierta. Desde entonces, aunque pocas veces he escrito sobre él –el trabajo más exhaustivo se publicó con pluma de fan en el nº 12 de Ruta 66, en noviembre de 1986-, por muchas lagunas y estados de ánimo dispares habidos, siempre se ha mantenido en mi panteón de intocables.
En “Remembering Now”, tras un periodo de dudas post covid resuelto con dos discos de versiones, Van echa la vista atrás y, dentro de sus posibilidades actuales como octogenario, hace un repaso dignísimo –pulcro y sin riesgo pero tremendamente explícito- de cada una de las vertientes estilísticas que han perfilado su trayectoria. Arranca con “Down To Joy” y “If It Wasn´t For Ray” como muestras de la parte luminosa de su música, para llegar enseguida, con “Haven´t Lost My Sense Of Wonder” y “Love, Lover And Beloved”, al Morrison clásico a través de su capacidad para expresar su alma negra tan personal, con la guinda del single “Cutting Corners”, aludiendo a su intento de recuperar la inspiración en “Back To Writing Love Songs”.
La parte final del álbum es la más trascendente, con “Memories And Visions” mostrando impolutas la sensibilidad y la espiritualidad de sus baladas, con ese don muy muy muy mystic suyo estirando “When The Rains Came” durante seis minutos sin despeinarse. Y, tras un deep blues estremecedor para un recuerdo de Belfast y de autoafirmación (“Remembering Now”), cierra con los nueve minutos otoñales de “Stretching Out” en modo cadencia vibrante elegíaca.
Tras escucharlo, solo puedo constatar que es clásico y casi perfecto; que más negro, más folk, más celta o más caledónico, sigue siendo él; que es un milagro ver publicado un disco suyo tan bien compuesto e interpretado a estas alturas; y que llega en el momento idóneo para dar un codazo en la boca del estómago a quienes le habían relegado al cajón de los dinosaurios prehistóricos del rock. Van Morrison aún respira. Casi a pleno pulmón.



