Sweat Glass Halo

Thomas Ison, el cerebro tras Ricky Jamaraz, lleva años publicando desde Nottingham grabaciones independientes en circuitos alternativos. Su talento prolífico le ha permitido asimismo crear músicos de ficción que forman un grupo, en este caso Sweat Glass Halo –no iban a ser Gorillaz los únicos- que incluso se pelean y siguen sus caminos en solitario.

“It Is What It Is, You Know What I Mean?” (2026) es una buena muestra de sus aptitudes. Rock indie correoso y emocional escenificando los sonidos de hace dos décadas –podría calificarse de emo de dormitorio con moog- cuya locuacidad en los textos –ya reflejada en los títulos de las canciones- nos mantiene atentos a lo largo de toda su duración. Como se presupone, la euforia eléctrica suele dispararse tarde o temprano en cada canción, con subidones de adrenalina, riffs demoledores (“Give The Girls More Valium!”), euforia eléctrica (“Y Don´t U Care About Me, Lady?”), estribillos exultantes (“Not If I Lovebomb You First”) y ese sonido sintético tipo Cars que aporta una variable a la densidad de las guitarras emo. En “(We´re Just) Digital Robots With Human Smiles” puede escucharse la frase que da título a la grabación, mientras “Sorry I Almost Killed Your Girlfriend (And You)” –puestos a elegir, la mejor- es la que fluye con algo de serenidad pop y dosifica el fuzz a la postre. Al terminar el álbum en youtube resiguiendo los textos, tras el final magnético de “NOW! That´s What I call Closure”, el autor dedica unas palabras de despedida a quienes hayan aguantado hasta este momento.

“Ow ∞” (Sylvan Esso)

Disco nuevo de Sylvan Esso y…¡bendita sorpresa! Sin apenas eco mediático, “Ow ∞” (Psychic Hotline 2026) empieza como una colección de canciones poco trabajadas, con la voz de Amelia Meath brotando sobre una crudeza electrónica a juego con el attrezzo rítmico propuesto y, en una primera escucha, con melodías menos instantáneas.

Mucha percusión abrupta en primer plano –ojo, en la parte técnica figuran los nombres de BJ Burton y Rodaidh McDonald- deja las piezas en un tris de quebrarse, pero son sostenidas en última instancia por la tonada y la siempre curativa voz de ella. Así percibimos “Flood Season”, una “Hot Slob” de electricidad estridente y afilada, y las que despegan solo con teclados pero sucumben ante el estruendo de la percusión: “Back Again” funciona bien porque el pasado folk de Amelia se impone, también la caribeña y exquisita “Good At Pain”, o “Jessica” y su pulso más subliminal. Como contraste, en “Entertainment & Coca Cola” y “Ribbon” todo queda eclipsado por su voz (la segunda es a capela digital).

Lo que no obstante fascinará del disco es el sample de Sigur Ros en “Concrete Glen”, el remolino maníaco adictivo repitiendo `destroy´ en “Sledge”, la calidez rumiando el texto adobado con una percusión suave y guitarra acústica en “On & On” mientras genera un último tramo bellísimo, o la emoción del folk tradicional de “Plastic Sword” sobre un tapiz electrónico como epílogo. En el fondo siguen siendo la Amelia Meath y el Nick Sanborn de siempre, solo que esta vez parecen haber pensado en algo visceral para consumo propio, un poco al revés que el trabajo anterior. Sensacional.

Baby knows where heaven is
I woke up there one day

Bayonne

El mejor ejemplo, cuando se trata de mostrar que los artistas electrónicos experimentales pueden mejor que nadie bajar a la cancha del soft pop, es el de Roger Sellers. Empezó con la discográfica Mom + Pop y, poco a poco, se ha ido acercando a formas más accesibles como Bayonne.

Su cuarta grabación “Filters” (Nettwerk 2026) es una delicia que avisa desde el cromatismo de la portada. Un piano sobre guitarra acústica en “Unexpected” anima a adentrarse en el otoño tejano etéreo –no parece que sea el disco de un experto en labores electrónicas-, confirmando el tono de su soft pop agradable con destellos dorados en “Good Enough”. De hecho todas –“Gamut”, “Forget”, etc- brillan, y en algún caso vitaminado –“Oxygen”- la luminosidad es casi tan radiante como la de Panda Bear.

La variedad de los elementos de laboratorio utilizados no impide que en todo momento prevalezca la melodía, abocada a un preciosismo (“Alone For Now”) capaz de combinar lo sintético con una pedal steel sobre crepitar otoñal cósmico (“January”). Para subrayar tal prioridad, cierra en “Everything´s Alright” solo con voz y piano ensoñador.
Cuando todas las canciones de un disco mantienen un nivel así, su excelencia global no se discute.

«Fata Morgana» (L´Rain)

Poco a poco Taja Cheek ha ido perfilando un universo donde zambullirse, con un afán de experimentación digital capaz de construir estructuras de sonidos mayormente plácidos en su cuarto álbum “Fata Morgana” (Mexican Summer 2026) sin sucumbir a la comodidad. Un juego de espejos y luces tintineando sin dejar fijar la imagen sonora durante un tiempo prudente, con la mutación permanente como prioridad.

Se aprecia con prontitud, cuando el marco inquietante de piano creado en “Rumors Of Light” se expande sinfónico para dejar paso a la liturgia fragmentada electrónica de “With Time” en pos de un limbo sónico. Cuando la melodía deliciosa que flota con aire pop por las ondas electrónicas de pronto se revuelve en formato dancehall (“July 5th”), se aclara la intencionalidad, y a partir de allí renunciamos a inquietarnos ante cualquier sorpresa para dedicarnos a absorber el mensaje. Está en el fingerpicking anfibio abriéndose a un universo poliédrico en “NBorderline”; en las pulsaciones electrónicas sensoriales con ascenso pronunciado celestial en “Elmyra”; los reflejos de la bóveda de cristal de “Glass Ceiling”; el cierre del círculo psicótico de “Soulless Cycle”; o el cierre con el universo onírico de “I Remember” desarrollado en clave balada en “Birthday” que también deviene sinfónica.

Un mundo sugerente que en ningún instante repele sino que atrapa, aunque también es cierto que costará volver a él a menudo. Para momentos especiales.

Lex Walton

Después de una serie de grabaciones caseras, Lex Walton presenta su primer trabajo para una discográfica seria, “ULTIMATE LOVE FOREVER” (Sub Pop 2026), sin perder esa pátina lo fi que le da credibilidad ni la irreverencia –publicó una pieza de dos minutos dos meses antes, “Nu Jerusalem (Democracy Manifest)”- con actitud queer/trans, solo tres semanas después de saberse que figuraba en la gestación del disco de Prairie Princess que -al igual que la productora Alice Cohen- por cierto participa a la percusión.

No son las únicas invitadas mencionables. Está Sarah Neufeld de Arcade Fire al violín, así como Emily Green y Sam Revaz de Geese. Pero quien importa realmente es Dan Boeckner coproduciendo, pues le inyecta a su punk-glam de tintes violentos una voluptuosidad primaria digna de sus días en Wolf Parade y Divine Fits, justamente lo que precisa un disco de siete canciones que no llega a los veinte minutos. Proto punk trash (“Yr Op-Ed Won´t Get You Into Heaven Anymore”) con ribetes de british glam y chirriar glorioso (“Hipster Runoff”), ambiente slacker con deje Ezra Furman (“I Wish I Was An M80”, donde aparece Sloane McCarthy, también en nómina de Prairie Princess) e incluso cachos de jangle encriptados en suciedad garage para descacharrarse (“Ultimate Love 4Ever”). Una pedrada divertida y provocadora.