«Love In Constant Spectacle» (Jane Weaver)

Una parte del linaje de experimentalistas anglosajones actuales ha tirado del progresismo seventies del progresismo seventies –llámese Genesis, llámese Canterbury- y lo ha combinado con pulsaciones germanas. Algunos incluso han obtenido licencias de folk y pop, sobre todo en la gama femenina.

El recorrido de Jane Weaver tiene que ver con esa trazabilidad que ha llegado a la conclusión de que es sano mezclar mecánica y ensoñación, o así al menos se percibe en el nuevo “Love In Constant Spectacle” (Fire 2024). “Perfect” es mecánica, “Emotional Components” ensoñadora, “Motif” es folk acústico, “Is Metal” robótica de organillo, “Happineass Is Proximity” jazzy folk y “Love In Constant Spectacle” tiene la confidencialidad vocal de una musicalmente ex-gamberra como Eleanor Friedberger. Parámetros todos interpretables como los de Cate Le Bon, que tanto pueden arrimarse a lo díscolo como al mainstream. Y eso lo ha asumido muy bien John Parish a la hora de aportar sus dotes de producción seca pero contundente.

Estos saltos constantes que imposibilitaban su catalogación, subrayando más las tonalidades que el virtuosismo, resumen su validez en las dos últimas piezas pues en “Univers” incluso su dream –cósmico, sí- tiene un punto de frescura experimental. Y ese minuto cerrando “Family Of The Sun” es pura gloria.

«A La Sala» (Khruangbin)

Con un estilo muy personal, Khruangbin han desarrollado pequeñas variaciones dentro de sus límites –guitarra eléctrica, bajo de influencia dub y percusión seca con resonancias hip hop- en busca de puertas que abrir y poder avanzar. Sobre todo gracias a su amplitud geográfica de miras y a la versatilidad genética. Un poco como el comienzo de un chiste: ¿qué podrían hacer juntos un afroamericano, un blanco y una americana con raíces hispanas? Pues “A La Sala” (Dead Oceans 2024) no es lo que podrían hacer a tenor de su discografía anterior, sino precisamente lo que han conseguido por fin hacer.

El título del disco no es casual. El dispositivo moderno –tan hercúleo basado en la percusión como permeable a través de las resonancias del bajo y la capacidad de evocación de la guitarra- ha buscado la ambientación crepuscular aterciopelada. Las canciones siguen el patrón establecido de siempre –algunas podrían incluirse en disco anteriores, como “Todavía Viva”- pero con énfasis en la delicadeza. Así lo indica el cierre con “Les Petits Gris”, una “Farolim De Felgueiras” también sin percusión, o las melodías letárgicas dispuestas por Mark en “Three From Two” y “Fifteen Fifty-Three” jugando con los espacios. Incluso los cortes más `negros´ se tamizan adecuadamente, tirando al lounge (“A Love International”), al groove sedoso (“Pon Pón”) o a una acuarela funk (“Hold Me Up”). Y queda “May Ninth” como hito de suavidad deliciosa gracias al tratamiento vocal sweet soul.

No sé si “A La Sala” es mejor o peor que “Con Todo El Mundo” (2018), mi otro disco preferido suyo. Seis años después sin embargo la frescura de su propuesta llega con plenitud similar.

«Daniel» (Real Estate)

En los primeros acordes ya subyace la sensación de que Real Estate han llegado –por culpa de la pandemia o de la edad, a saber- a un acuerdo de paz con su música. Como diciendo: aquí queríamos llegar.

Algo, presente en muchas canciones de su nuevo disco “Daniel” (Domino 2024) destila madurez. Podrían haberlas atacado más nerviosos o adolescentes, con mayor dejadez indie. En cambio, se impone un aplomo que concuerda con la presencia productora de Daniel Tashian (¿es el Daniel del título?) y todo lo que su mochila Nashville conlleva. Acordes que se suceden prudentes e inexorables –la percusión es opaca pero incisiva-, a veces remachadas las acústicas con algún pespunte psicodélico de guitarra (”Water Underground”, o un pasaje de “Flowers” de destello recatado recordando una secuencia de Allman Brothers Band) o con slide.

No toda la crítica está tan de acuerdo con los resultados. A mí sin embargo me pueden el estado contemplativo –pero con un groove de la percusión exquisito- de “Freeze Brain”-, la matemática tan lánguida como gloriosa de “Airdrop”, el latido Feelies –no hay más que 10km de distancia entre Ridgewood y Haledon en New Jersey- de “Say No More”, y la simpática aportación de Alex Bleeker en “Victoria”. El pulso del grupo y de la ciudad suburbial sigue allí, esta vez con guiños velados a la americana. Vibrando.

Homeshake

Diez años ya han pasado desde que Peter Sagar dejó la sombra de Mac DeMarco para probar en solitario. Ahora publica su sexto disco “CD Wallet” (Shhoamkee 2024), evitando esta vez la vertiente sintética de su estilo para abrazar la crudeza de la guitarra y dejarse querer con una etiqueta nueva, el bedroom grunge.

El disco tiene algo del estilo narcótico slacker de DeMarco –“Letting Go”, “Smoke”- pero llevado a un terreno más introspectivo. En el arranque –“Frayed”- yo al menos percibo la ambientación de Sparklehorse, pero se trata de una impresión pasajera que a la altura de “Kitty”, caminando a un paso muy lento y con una guitarra de emoción blues, se va situando entre unos Low crudos inclinados al slowcore. Guitarras que se retuercen, saturadas, sobre todo en el tema final de nueve minutos “Listerine”, con una primera parte donde lloran con lágrimas canadienses tal vez influidas por las laceraciones eléctricas del paisano Neil Young. Tras un tramo con juego de drones, el epílogo se centra en una distorsión hiriente a cámara lenta. Un dechado de acritud en soledad.

«King Perry» (Lee «Scratch» Perry)

Después de una trayectoria intachable como artífice del éxito del dub como paso evolutivo del reggae medio siglo atrás, Lee Perry tuvo una segunda juventud en este milenio adaptándose a las nuevas variaciones del género –colaboró con Adrian Sherwood de On-U Sound- sin renunciar a incursiones –con amigos- en otros estilos. Antes de fallecer a los 85 años en 2021 dejó algunos proyectos a medias, ahora rescatados y retocados por un productor de confianza como Daniel Boyle.
“King Perry” (False Idols 2024) cuenta con más colaboradores, como Tricky (el dueño de la discográfica que lo publica), presente en piezas como “Jesus Life” y más protagonista en el dub alucinógeno “Future Of My Music” (donde también contribuye Marta Zlakowska, así como en “I Am A Dubby”). El álbum no se ciñe a retorcer el dub (opresivo en “King Of The Animals”, accesible en “100lbs Of Summer” junto a Greentea Peng y Aria Wells), sino que tantea la electrónica (“Evil Generation”), el hip hop (“Midnight Blues” con FiFi Rong), la frescura (“The Person I Am” con Rose Waite) y el pulso venéreo (“Green Banana” con Shaun Ryder). Siempre sumiéndose en ese espacio tan personal que nos traslada a otra dimensión.