Poco a poco Taja Cheek ha ido perfilando un universo donde zambullirse, con un afán de experimentación digital capaz de construir estructuras de sonidos mayormente plácidos en su cuarto álbum “Fata Morgana” (Mexican Summer 2026) sin sucumbir a la comodidad. Un juego de espejos y luces tintineando sin dejar fijar la imagen sonora durante un tiempo prudente, con la mutación permanente como prioridad.
Se aprecia con prontitud, cuando el marco inquietante de piano creado en “Rumors Of Light” se expande sinfónico para dejar paso a la liturgia fragmentada electrónica de “With Time” en pos de un limbo sónico. Cuando la melodía deliciosa que flota con aire pop por las ondas electrónicas de pronto se revuelve en formato dancehall (“July 5th”), se aclara la intencionalidad, y a partir de allí renunciamos a inquietarnos ante cualquier sorpresa para dedicarnos a absorber el mensaje. Está en el fingerpicking anfibio abriéndose a un universo poliédrico en “NBorderline”; en las pulsaciones electrónicas sensoriales con ascenso pronunciado celestial en “Elmyra”; los reflejos de la bóveda de cristal de “Glass Ceiling”; el cierre del círculo psicótico de “Soulless Cycle”; o el cierre con el universo onírico de “I Remember” desarrollado en clave balada en “Birthday” que también deviene sinfónica.
Un mundo sugerente que en ningún instante repele sino que atrapa, aunque también es cierto que costará volver a él a menudo. Para momentos especiales.