La Búsqueda

Febrero de 1987. Nos acaban de cancelar un vuelo de Tuxla Gutiérrez a Oaxaca debido a la niebla de un aeropuerto construido sobre tierras de algún pez gordo, que la mitad del año sufría cancelaciones por esta razón. Las once de la mañana es aún una buena hora para salvar la jornada e intentar llegar a Puerto Ángel en el Pacífico por carretera. Para ello debíamos cruzar todo el istmo mejicano, zona de tránsito peligroso porque circulaban muchos vehículos cargados de dinero del petróleo (solían viajar en caravana para disuadir a los bandoleros). Alquilamos una van entre siete pasajeros pero, sobre las seis de la tarde, el conductor dice que no sigue. Tiene miedo de recorrer los últimos 190 km de noche entre Tehuantepec y Puerto Ángel, y temeroso quiere estar de vuelta en Tuxla antes de que entre la madrugada, así que decide dejarnos en una parada de taxi de la ciudad. Los taxistas también se muestran reacios a hacer el trayecto de noche. Uno, más atrevido, tras asomar la cabeza por la ventanilla dice: `bueno, como veo que hay mujeres en el grupo, no suelen matarnos, se conforman con violarlas´. Desesperados ante la casi nula oferta hotelera en la ciudad, un norteamericano saca la guía “South & Central American Handbook” –más densa y con más información que la Lonely Planet, y cuyo grosor y tapa dura cuenta la leyenda que un día salvó a un turista al detener una bala perdida en una reyerta- y apunta a un alojamiento en otra ciudad a 15 km, Salina Cruz. Con propietario español, piscina, y cena con pulpo a la gallega, el establecimiento supuso el más feliz de los epílogos para una jornada especialmente dura iniciada en San Cristóbal De Las Casas.

Todo ello viene a cuento al escuchar “Veracruz” –la ciudad petrolera importante del istmo y título de una pieza con el repiqueteo iridiscente de Calexico-, “Los Mineros” –más hispana-, “Echalé” –una `rancherita´- y “Mi Querida Amiga” –aire inicial tipo Andrew Bird-, cuatro canciones emblemáticas de “Luz, Arena y Llanto” (Belamarh 2024), el excelente retorno de los mallorquines La Búsqueda tras veinte años de ausencia discográfica que –también se entiende mejor lo de los vientos- una vez estuvieron relacionados con Los Coyotes y Gabinete Caligari. En él de hecho conviven distintas variantes de música hispana capaces de ser asimiladas por una formación de guitarra, batería, bajo y teclados arropada por trompeta, violín y violonchelo (más músicos invitados). Tan capaz de emular el cancionero español con frescura actual (“Toda Mi Alma”, inspirada en un poema de García Lorca), decantarse por el folk (“Luz, Arena Y Llanto”), el vals latino (El Desierto De La Soledad”), guiños portorriqueños (“Interludio 103”) o hindúes (“Interludio London Curry”), y sobre todo con una perspectiva del ensamblaje entre guitarras, cuerdas y vientos muy cercano a Morricone.

Mención aparte para el diseño gráfico, elegante y explicativo del álbum, que le da al producto un empaque de dignidad ya poco corriente en estos tiempos de clics e internet.

Mui Zyu

    El custard bun es una delicia de dim sum típica de Guangzhou, Hong Kong y Taiwan. Su interior semilíquido amarillento está hecho de yema de huevo, crema, leche y azúcar, y queda algo guarrillo a la vista si se me escapa por la comisura de los labios cuando muerdo uno en la franquicia Din Tai Fung, con varios restaurantes en Bangkok. Se recomienda morder la bola por la parte superior, de lo contrario pringas. Literalmente.

    Esto me ha recordado el título “Rotten Bun For An Eggless Century” (Father/Daughter 2023) de Mui Zyu, proyecto en solitario de Eva Liu –componente del grupo Dama Scout- nacida en Irlanda del Norte e hija de inmigrantes de Hong Kong. Es art rock con un toque de fragilidad debido a la voz agradable. Los pasajes más digeribles pillan de la mecánica tecno pop de hace cuarenta años, como “Ghost With A Peach Skin”. No abundan tanto como los de sintes inquietantes tal que “Talk To Death” (antes de que se asiente sobre un beat cómodo), “Eggless Century” (ambient digno de una serie tipo “The Last Of Us”), incluso a ratos industriales (“Dancing For Drinks”). A veces el crepitar electrónico se adorna con matices orientales, como en “Mother´ s Tongue”, destacando la utilización del erhu a cargo de Charlie Wardle (tocaba con Jah Wobble) en cuatro piezas, especialmente en medio de “Rotten Bun” antes de que irrumpa la masa sinfónica. Y, ya siguiendo la trama gastronómica oriental, comparece el padre de Eva recitando la receta de un plato chino en “Ho Bao Daan”.

    La última composición, “Sore Bear”, sirve de resumen de lo escuchado: disonancias electrónicas embellecidas por su voz.

El año descomunal de The Reds, Pinks & Purples

La segunda grabación oficial de The Reds, Pinks & Purples en este mismo año, “They Only Wanted Your Soul” (Slumberland 2022), no solo es la rúbrica de un periodo de inspiración intensa, sino que se sostiene por sí mismo como colección de dream pop inmaculada a caballo entre Morrissey, The Go-Betweens, East River Pipe y Casiotone For The Painfully Alone. Un diez en languidez.

Por motivos personales sin embargo, y demostrando una vez más que la música tiene mucho que ver también con el receptor, es de un significado importante en mi caso. Acabo de regresar de Perú de un viaje con desarrollo inesperado tras los últimos sucesos políticos. Se trataba de visitar Machu Picchu, pero la detención del presidente Castillo y la ira de las comunidades rurales provocaron disturbios violentos de los que pude escapar por los pelos de Arequipa el lunes 12 de diciembre –instantes antes de que inutilizasen el aeropuerto- y a las pocas horas de Cusco, yendo a parar al pueblo encantador de Ollantaytambo. Sigue leyendo El año descomunal de The Reds, Pinks & Purples

Beabadoobee

Filipinas, febrero de 1985. Después de unos días de relajo en la entonces rústica isla de Boracay –aún no había luz eléctrica, ahora hay campos de golf-, viajamos ya en la vecina Panay en jeepney por la carretera polvorienta a Kalibo y, desde allí, cruzamos la isla durante siete horas hasta llegar a la capital Iloilo. Recuerdo aún la guest house donde pernoctamos, Family Pension House, edificada alrededor de un árbol cuyo tronco despegaba del snack bar atravesando los techos de los pisos. Los cuartos tenían wc pero no había separación física –ni pared ni cortinas- entre la letrina y las camas. Sigue leyendo Beabadoobee

«Far In» (Helado Negro)

Recuerdo un atardecer hace años en Santa Fe, Sucre, charlando con el dueño de un hotelito familiar venezolano y un médico, con una botella de ron de por medio, sobre la situación del chavismo en un chiringuito al borde de la arena durante una puesta de sol idílica con los rayos solares desplomándose en el horizonte, y reflejando esa misma apacible pereza estival que dibuja la voz de Roberto Carlos Lange.

Helado Negro, como ya me explayé en el post sobre su magnífico álbum anterior en su momento, siempre me devuelve a las aguas templadas latinoamericanas. Sigue leyendo «Far In» (Helado Negro)