Mui Zyu

    El custard bun es una delicia de dim sum típica de Guangzhou, Hong Kong y Taiwan. Su interior semilíquido amarillento está hecho de yema de huevo, crema, leche y azúcar, y queda algo guarrillo a la vista si se me escapa por la comisura de los labios cuando muerdo uno en la franquicia Din Tai Fung, con varios restaurantes en Bangkok. Se recomienda morder la bola por la parte superior, de lo contrario pringas. Literalmente.

    Esto me ha recordado el título “Rotten Bun For An Eggless Century” (Father/Daughter 2023) de Mui Zyu, proyecto en solitario de Eva Liu –componente del grupo Dama Scout- nacida en Irlanda del Norte e hija de inmigrantes de Hong Kong. Es art rock con un toque de fragilidad debido a la voz agradable. Los pasajes más digeribles pillan de la mecánica tecno pop de hace cuarenta años, como “Ghost With A Peach Skin”. No abundan tanto como los de sintes inquietantes tal que “Talk To Death” (antes de que se asiente sobre un beat cómodo), “Eggless Century” (ambient digno de una serie tipo “The Last Of Us”), incluso a ratos industriales (“Dancing For Drinks”). A veces el crepitar electrónico se adorna con matices orientales, como en “Mother´ s Tongue”, destacando la utilización del erhu a cargo de Charlie Wardle (tocaba con Jah Wobble) en cuatro piezas, especialmente en medio de “Rotten Bun” antes de que irrumpa la masa sinfónica. Y, ya siguiendo la trama gastronómica oriental, comparece el padre de Eva recitando la receta de un plato chino en “Ho Bao Daan”.

    La última composición, “Sore Bear”, sirve de resumen de lo escuchado: disonancias electrónicas embellecidas por su voz.

El año descomunal de The Reds, Pinks & Purples

La segunda grabación oficial de The Reds, Pinks & Purples en este mismo año, “They Only Wanted Your Soul” (Slumberland 2022), no solo es la rúbrica de un periodo de inspiración intensa, sino que se sostiene por sí mismo como colección de dream pop inmaculada a caballo entre Morrissey, The Go-Betweens, East River Pipe y Casiotone For The Painfully Alone. Un diez en languidez.

Por motivos personales sin embargo, y demostrando una vez más que la música tiene mucho que ver también con el receptor, es de un significado importante en mi caso. Acabo de regresar de Perú de un viaje con desarrollo inesperado tras los últimos sucesos políticos. Se trataba de visitar Machu Picchu, pero la detención del presidente Castillo y la ira de las comunidades rurales provocaron disturbios violentos de los que pude escapar por los pelos de Arequipa el lunes 12 de diciembre –instantes antes de que inutilizasen el aeropuerto- y a las pocas horas de Cusco, yendo a parar al pueblo encantador de Ollantaytambo. Sigue leyendo El año descomunal de The Reds, Pinks & Purples

Beabadoobee

Filipinas, febrero de 1985. Después de unos días de relajo en la entonces rústica isla de Boracay –aún no había luz eléctrica, ahora hay campos de golf-, viajamos ya en la vecina Panay en jeepney por la carretera polvorienta a Kalibo y, desde allí, cruzamos la isla durante siete horas hasta llegar a la capital Iloilo. Recuerdo aún la guest house donde pernoctamos, Family Pension House, edificada alrededor de un árbol cuyo tronco despegaba del snack bar atravesando los techos de los pisos. Los cuartos tenían wc pero no había separación física –ni pared ni cortinas- entre la letrina y las camas. Sigue leyendo Beabadoobee

«Far In» (Helado Negro)

Recuerdo un atardecer hace años en Santa Fe, Sucre, charlando con el dueño de un hotelito familiar venezolano y un médico, con una botella de ron de por medio, sobre la situación del chavismo en un chiringuito al borde de la arena durante una puesta de sol idílica con los rayos solares desplomándose en el horizonte, y reflejando esa misma apacible pereza estival que dibuja la voz de Roberto Carlos Lange.

Helado Negro, como ya me explayé en el post sobre su magnífico álbum anterior en su momento, siempre me devuelve a las aguas templadas latinoamericanas. Sigue leyendo «Far In» (Helado Negro)

Keleketla!

Wamena, Papúa Occidental (Indonesia), 11 de noviembre de 2018. Josep, un amigo que años atrás había organizado trekkings por el valle de Baliem, tenía ganas de volver a contactar con sus amistades y colaboradores lugareños, y de paso pulsar el ambiente de cara a retomar operaciones interrumpidas por culpa de la inestabilidad política. Salimos cuatro amigos desde Bali vía Timika en un vuelo nocturno de Garuda incomodísimo a bordo de un Bombardier canadiense, cuyo vuelo de enlace desde Jayapura (un ATR72 de Wings Abadi) sufrió muchas horas de retraso debido a la siempre cambiante metereología. Conseguir aterrizar en Wamena depende mucho del tiempo -sobre todo a partir del mediodía- y su aeropuerto -la única manera de acceder a la ciudad- mantiene un alto porcentaje de incidencias. Llegamos a media tarde y aún nos dio tiempo de visitar un poblado típico -más típico aún tras soltarle 150$ al jefe para una performance ataviados todos sus habitantes varones de guerreros- antes de pernoctar.
La próxima sorpresa se produce cuando, a la mañana siguiente, tras media hora de viaje en la vanette que debía dejarnos cerca del punto del inicio del sendero rumbo a Klise, un grupo de jóvenes vestidos entre Rambo y piratas cutres del mar de Solo nos paran con sus metralletas intimidatorias. Sigue leyendo Keleketla!