Capítulo 14. Estética e identidad. Conversaciones con Patricia Godes

La Edad de Oro coincide en el tiempo con los últimos coletazos del after-punk y la explosión de la nueva ola. El after-punk intentó integrar conceptos artísticos dentro de su oscura imagen, mientras que la nueva ola (o new wave) rompió de raíz con ello, incorporando el color y maneras menos tensas. ¿Cómo viviste este cambio?
“El after-punk se autoproclamaba como una pseudo-vanguardia, pero no era ni más ni menos que la imitación pop de la cultura, la imitación pop de la revolución. El lenguaje pop es frívolo y hasta necio, así que para escuchar vanguardia escucha a Ornette Coleman, para escuchar música clásica escucha a Stravinsky y si quieres hacer la revolución vete al mayo del 68. El pop sólo puede frivolizar conceptos elevados.”

Así aparece la pose.
“La pose se ha convertido en un concepto pop desde el momento que fija la pertenencia a un grupo, pero la pose puede tener una influencia social y puede servir de expresión individual.”

Muchos grupos del after-punk incluyeron el discurso político como parte de su identidad. Entre lo endeble de algunas posturas y lo caótico de las traducciones simultáneas de La Edad de Oro, algunas entrevistas se volvieron esperpentos.
“Es común encontrarte con traductores profesionales que antes de empezar su trabajo exigen hablar con la persona a la que van a traducir para meterse en contexto. En cambio, da la impresión que en La Edad de Oro los traductores no hablaban previamente con los artistas. Parece que Paloma quería conducirles hacia la tesis que ella defendía en aquel momento: una edad de oro juvenil, cultural, musical y plástica. La cuestión política, aunque surgiera en alguna entrevista por parte de los entrevistados, no estaba presente en el discurso de Paloma. Ella tenía una línea muy definida en cada entrevista y cuando el artista no la seguía se creaba una incomunicación total que conducía al caos. Y hablando de los textos políticos, recuerdo haber visto el programa de Killing Joke. No me gustó nada. Los textos eran huecos, un elemento más para fortalecer una imagen opresiva.”

Pero no está de más recordar que por el programa pasaron Durutti Column.
“Eran la excepción, ellos estaban politizados de verdad. Pero la actitud de la mayoría había que entenderla como una boutade. Había músicos que llegaban con esa actitud, que dirían Kaka de Luxe, de “pero qué público más tonto tengo”, incluida las presentadora. Creo que las líneas políticas que se podían extraer de alguno de los programas no tenían ningún valor. Paloma no lo buscaba y en los grupos había una tendencia a ponerse pedantes cuando les invitaban a un programa cultural y se les trataba a ellos mismos de vanguardistas. Alguno debía pensar: “yo me tiro el rollo aquí y digo las palabras de más de cinco sílabas que conozco”.”

¿Crees entonces que el programa, más que establecer un criterio, se dejaba llevar por las tendencias?
“Se dejaba un poco guiar por las modas, pero no sólo le ocurría a La Edad de Oro. Creo que esto ahora también sucede, pero no tiene un apoyo teórico como entonces. Es algo muy madrileño. Viviendo en una ciudad turística como era Castellón, de pequeña alucinaba cuando las hermanas de mis amigas llegaban con la última moda. Las francesas y las barcelonesas no eran tan esclava de la última tendencia; no tanto como las madrileñas, que cada año parecían personas distintas. Si estaba de moda la torera corta, todas iban con torera corta. Valencia, en cambio, es muy clásica. Pueden llevar ropa muy cara encima pero la hacen durar más; o, aunque no la hagan durar más, el look no cambia tanto. En Madrid, en cambio, pasaba lo contrario y eso lo hago extensivo a la música. Lo que ocurre es que con la reivindicación de la frivolidad frente al progre que despreciaba las modas, el ir a la última y el cambio permanente de look se toma por bandera. Está muy bien explicado en “Enamorado de la moda juvenil”, de Radio Futura.”

11 comentarios en «Capítulo 14. Estética e identidad. Conversaciones con Patricia Godes»

  1. A mi modo de ver, La Edad de Oro coincide con los últimos coletazos del after (o post)-punk, y la dichosa palabrita que procuro reproducir lo menos posible… o dicho de otra manera: con la post-modernidad aquella del todo vale a la vez que no me entero de la misa a la media. Para mi la nueva ola, aquello que Ordovás explicitaba en su momento como NOM, se acaba en el 81, es decir, antes del Rockola y La Edad de Oro.

  2. El término new wave es vago y poco concreto. Cuando hablo de new wave en la primera pregunta me estoy refiriendo a grupos como Culture Club, Thompson Twins,… que compartieron espacio con Bauhaus o Killing Joke, representantes del after-punk, que a su vez distingo del post-punk. En fin, etiquetas que deberíamos (yo el primero) ir eliminándolas poco a poco para no caer en el tópico.

  3. Estoy con vosotros con lo de la Nueva Ola, que yo no alargaba más allá del 82, porque lo que siguió después era la mera explotación comercial de la misma. Aquí en Madrid enseguida se dejó de usar el término nuevaolero para aquellos seguidores de la New Wave y luego la Movida lo arrasó todo en España.

    Y me hace gracia la pseudovanguardia que atesoraban grupos del after-punk por el solo hecho de hacer sonidos más oscuros o difíciles para el oído.

    Para mí fue una época de desencanto.

    Saludos, Ignacio

  4. Los grupos que mencionas, César, no están entre la entonces llamada nueva ola, que eran más bien grupos que se aglutinaban en los sellos Stiff, Chiswick, Rough Trade,… los Costello, Nick Lowe, Dirty Looks, Squeeze, y cosas en general más bien power pop, bastante mas diferenciados de otra gente más cultureta como los Bahuhaus., Magazine o K. Joke, o de frivolidades como Culture Club, Thompson Twins o Adam Ant.

    Y muy al margen de todo eso tenías a Siouxie, Joy Division o Echo & The Bunnymen. Y al margen de todos ellos, casi pegándose con el mundo, estaban The Sound, probablemente la mejor banda de aquellos años con unas letras demasiado crudas y sinceras como para triunfar aunque su propuesta musical era acojonante.

    Ese saco de la nueva ola era demasiado ambiguo.

    A nivel español lo que yo viví desde provincias fue un excesivo eco en los medios de lo que más tarde La Polla Records atinadamente llamaría «punkis de postal», que se lo comían todo y realmente eran los que menos tenían que ofrecer fuera del ámbito de la imagen. Y la gente válida de fuera de Madrid no tenía otro remedio que ir a la capi porque sino la repercusión era mínima.

    Vivimos la explosión de los singles y los mini lps y algunas bandas eran tan efímeras que cuando eran editadas ya no existían. Y grupos realmente buenos lo tenían muy jodido para trascender.

    El efecto Alaska era bueno para la repercusión mediática pero negativo para la música. Yo siempre he pensado que Hispavox acabó imponiendo a Alaska a Dinarama y esta acabó fagocitando lo que eran unas máquetas inmesamente buenas de Berlanga y Canut antes de que Alaska fuera de la partida.

    Luego estaban grupos muy buenos como PVP, que ni siguiera aparecen en el DVD recopilatorio que se ha publicado de la Edad de Oro, u otros que tampoco aparecen y que apuntaban muy buenas maneras como Alphaville con canciones como Después de la derrota o De Máscaras y Enigmas (buenos músicos, con pretensiones que por un lado rozaban lo snob y por otro lo infantil y que se vió en el programa que se llevaban de pena entre ellos). Gente tan aplatántemente buena que no podía ser ignorada como Golpes Bajos, desvaríos gloriosos como Derribos Arias, chuletas de pose como Gabinete Caligari que secaron su pozo después de un decente primer LP y un muy logrado Mini LP, y, por supuesto Radio Futura, que eran los únicos con un cimiento sólido de entre los habituales que mariposeaban con frecuencia por el programa. No me he olvidado de Siniestro Total, que aunque seguían basados en Vigo cayeron bien en algunos ámbitos de prensa y radio madrileños y siempre tuvieron cuartelillo.

    Pero fuera de ese ambiente se quedaban muchas bandas, como los mencionados PVP, o una de las mejores de la époco, los toledanos El Pecho de Andy.

    A mi, realmente, lo único que no me gustaba del programa era a tanto soplapollas que se le ponía el micrófono a veces para decir sandeces, obviedades, desbarres o presuntas erudiciones. Aquellos que iban al programa sólo a ver si chupaban un poco de cámara, a ver si Paloma pasaba por su lado y podían hacerse tan presentes que Paloma se viese obligados a meterle el micro. A diferencia de la gente a la que previamente se había convocado para entrevistarles o para que diesen una breve opinión o impresión sobre el tema o grupo del día.

    Yo, de pueblo, veía mucho paletismo entre la «figuración» de La Edad de Oro. Y de las salvajadas y estupideces que aún oigo cuando reviso alguno de los conciertos me sigo sonrojando 25 años después.

    Pero La Edad de Oro fue un programa increible que, al menos por lo que a mi respecta, es parte del legado cultural que recibimos una generación de españoles de la que podemos estar muy orgullosos. Y fuera de aquí alucinan con que en la España de los primeros 80 existiese algo como La Edad de Oro.

    Muchas gracias, César, por hacer esto público. Aquí me quedo sintonizando hasta el final.

    Saludos

  5. Si Angel, se tiró al tren. Llevaba mucho tiempo con depresiones de campeonato y oyendo voces en su cabeza. Lo curioso es que esa misma semana estaba dando los últimos toques a un disco en solitario.

    Sus discos en solitario también vale la pena escucharlos y hay por ahí algún directo suyo en solitario que te deja tieso. Una versión de Winning en acústico que me deja más boca abajo que el Perfect Day de Lou Reed que siempre me hace contener la respiración.

  6. Sobre repercusiones mediáticas. Cuando hace tiempo pusieron en RDL un disco de Dinarama como el cuarto mejor de la historia del pop patrio tuve el deber de escuchar ese y los otros: Kaka de Luxe aparte (ese sí que es bueno), eran una irregular banda de singles -ni eran Abba, ni Bee Gees, ni siquiera ELO. A Santa Compaña, Más Números y Otras Letras o De un País en Llamas -por citar tres competidores contemporáneos- eran obviamente superiores. Así que renombré su carpeta como “Alaska, torbellino de pantones” porque me pareció que su lugar en el pop español era equiparable al de Lola Flores en el flamenco: ni cantaban ni bailaban ni tocaban, pero vendían, y se jactaban de hacer la goma entre el arte y el famoseo para que el espectador de Bertín o el oyente de Federico se acercara a una cultura delante de la cual ellas mismas se contrataron de porteras. Al menos esa era la coartada antes de que se viera que era tan inútil para el mercado como para la educación musical del país… y que aquella estrategia solo repercutía en el bolsillo del torbellino. Al final Alaska volverá a ser olvido. Mi humilde opinión.

    Yo no viví nada de aquello, pero esta serie me está gustando mucho. Apunto a El pecho de Andy, ni me suenan: culpa vuestra 🙂 Esta canción es increíble: http://www.youtube.com/watch?v=ThOgXW5rLJY

  7. Alaska era el notable escaparate de un talento descomunal (el de Berlanga), y Dinarama (los dos primeros) un extraordinario pastiche en el que se apostó (no quedaba otra en plena lucha de egos y titanes) por intentar casar el philly sound y el after-punk. Alaska volverá a ser Olvido. Carlos Berlanga siempre será Carlos Berlanga. ¿Y qué hubiera sido Eduardo Benavente?
    El Pecho de Andy tenían una canción chula (creo que se llamaba Llegará Octubre) que no me atrevo a escuchar ahora.

  8. Es gracioso. Creo que Alaska está acabada casi desde que se enfundó aquellas mallas de leopardo… Al respecto de esto siempre recuerdo aquellas declaraciones de los míticos Ox Pow (en un Rock Espezial de 1983 que compré de segunda mano en El Rastro años después) poco menos que asegurando que Alaska y toda la pandilla basura que había alrededor moriría con el Rockola. “A veces pienso que el enterrador pone los precios sin ton ni son”, decía la canción.

  9. El Pecho de Andy creó dos LPs muy buenos. El primero es el que más me gusta y salió en una compañía totalmente desconocida y el segundo «Llegará Octubre» creo que en Nuevos Medios. Este segundo es el único que fue publicado en CD y que llegué a ver aún a la venta en Madrid Rock poco antes de que cerrasen. Creo que la edición en CD añadía material de algún EP anterior.

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