Con un `hello I´m Johnny Cash´ empieza “Pigeons”, la primera canción del nuevo álbum “Gold Record” (Drag City 2020) de Bill Callahan, y acaba con `Sincerely L.Cohen´. Noctámbula -tipo Lambchop en 1994-, con un punto melódico fronterizo relatando las reflexiones y los consejos a los novios de un conductor de limusinas para recién casados. Los personajes de Bill últimamente siempre tienen un punto de singularidad dentro del marco cotidiano, a modo de narraciones que subliman una realidad poco analizada.
El disco, dentro de un intimismo terminal en los arreglos, se encuentra cómodo hurgando en las historias corrientes que se nos pasan por alto. Narra el daño que han hecho las plataformas digitales -en “Cowboy”- privándonos de socializar como cuando teníamos pocos canales y todos comentábamos la misma película al día siguiente. La calidez del hogar de una familia a la que compró el coche -en “The Mackenzies”- con la memoria de un hijo muerto en el ambiente. Esa pareja que ya ha perdido el amor pero ella aún le sigue preparando el desayuno en “Breakfast”. O el blues acústico rumiando frente a la tele en un late night show durante la madrugada.
Bill también tiene deudas con su archivo, como “Another Song”, una composición en principio escrita para ser interpretada por Emmylou Harris. O el repaso permanente intentando actualizar el significado de su mensaje, como recuperar “Let´s Move To The Country” -de “Knock Knock”- para tan solo cambiar el matiz de dos vocablos. Pese a su carácter de pieza menor, también publica el curioso homenaje a “Ry Cooder” y a su honestidad musical -`english rockers, all their money goes right up their nose´-, emocionándome cuando cita “Chicken Skin Music”. Lo que no obstante más me ha gustado de él es el lenguaje sencillo, escueto, críptico y a la vez perciso; cuando sus sentencias son como el corte limpio de una navaja. `And I may have been wandering too long. In love with wandering, wandering, wandering love´. Una conclusión en el final de “As I Wander” sobre los placeres de viajar: observar. Y enamorarse de lo que uno ve.