Retratos posmodernos

En la calle 22, entre las avenidas 10 y la 11, existe un enorme loft abierto al público. A diferencia de otras galerías de Nueva York, sus encantos saltan a la vista. Dispone de una tienda de libros de arte fuera de lo común y un catálogo de música experimental escueto pero escogido. Los descuentos son golosos y, aunque las exposiciones te la traigan floja, puedes leer el periódico en uno de sus numerosos bancos o amodorrarte a gusto entre un silencio tan sepulcral. No tengo ni idea de quién puede financiar un espacio como éste en Manhattan. Su sala principal está repleta de mesas acristaladas donde estos días se exponen míticas publicaciones marginales. Me resultó curioso encontrarme con aquellos fanzines que conectaban el punk con el sadismo. Creo que Michael Gira escribía en uno. Deslizándome por ellos llegué a los panfletos de porn-art. Al desviar la vista me di de bruces con un par de originales de la revista que publicó la Internacional Situacionista. Me sentía como en una visita al Museo Arqueológico Nacional. A su lado se exponían unas cuartillas redactadas por un colectivo posmoderno que conocí a través de Red Krayola. Era la revista Art & Language.

Los principios de aquel colectivo venían redactados en una de sus portadas. Por cosas como que “sólo la creatividad ilógica nos puede conducir a nuevas experiencias” algunos llegamos a Pere Ubu. De ahí a Red Krayola había un paso. Yo lo di al descubrir la versión ubu de «Horses». El círculo se cerró cuando Mayo Thompson presentó en la sociedad del post-punk a sus amigos de Art & Language, con quienes firmaría tres discos para Rough Trade. Ahora, cerca de los setenta, Thompson ha vuelto a confiar en aquellos artificios lingüísticos para merecer una cuarta juventud, sorteando así una dignísima tercera edad. En un rescate podría enumerar los tres o cuatro motivos que tengo para admirarle, aunque “Five American Portraits” me chirría entre las neuronas como un chiste privado entre artistas conceptuales. Que igual es lo que es…

Ya sabíamos del curioso humor del autor de “Kangaroo”. Del poco respeto que le merecen los músicos que se toman en serio, pero no estoy seguro de que esta actitud sea suficiente para la publicación de un disco y su posterior defensa. Art & Language vuelven a entrar en su vida para trazar con palabras la fisionomía de cinco personalidades genuinamente yanquis, entre las que están John Wayne o los presidentes Bush y Carter. Coge un lápiz, sigue las instrucciones que indica la voz -unas veces del propio Mayo, otras de Gina Birch, de las Raincoats– y tendrás una gran caricatura. Pues sí, de esto también se puede sacar un disco, aunque no sé si sería más correcto que lo vendiera Drag City o alguna asociación que aplique sospechosos métodos modernos al crecimiento infantil.

Con la música me redimo –aunque sólo en parte- de la urticaria que me producen los artistas posmodernos que hablan de términos como intertextualidad sin importarles algo tan crucial como es el aburrimiento o la indiferencia de la otra parte contratante en la venta de un disco. Thompson intenta salvar la papeleta eligiendo una canción del repertorio norteamericano por cada retrato; un tema universal al que darle mil vueltas mientras las líneas que marcan la voz van perfilando el rostro. Aunque me quedo sin dudar con los Krayola de “Introduction”, aquí permanecen ese fingerpicking cadencioso marca de la casa–entre infantil y sentido- y una manera de cantar que sólo admite comparación con David Thomas. Lástima que no haya aplicado una mayor capacidad de síntesis (la que tuvo en el periplo 76-83) para atacar “Georgia On My Mind” o la banda sonora de “Centauros del desierto”. Porque a partir del minuto cuatro ya sólo esperas que vayan terminando.

“Five American Portraits” ancla su humor en aquellos subversivos panfletos que vi expuestos en una galería de Chelsea. Cuatro folios doblados que hace cuarenta años recogieron unas originales pautas para desestabilizar al arte organizado. Una de dos: o el mundo no ha cambiado nada en este tiempo o aquellos antiguos boicots ya sólo sirven para seguir venerando unas individualidades cada vez más alejadas de la realidad.

 

 

7 comentarios en «Retratos posmodernos»

  1. Pensaba escucharlo, pero entre esta crítica y el resto de las que estuve leyendo en la red ya no sé si dedicarle el tiempo a otra cosa…

    César, aprovecho para agradecerte las recomendaciones que hiciste de este hombre hace unos meses. Empecé con «Introduction» y me resultó sorprendente por su placidez -es un disco al que le debo todavía un buen repaso-, luego me puse con «Kangaroo» y me pareció excelente. Aunque creo que el que más me ha gustado de momento es «Corky´s debt to his father». Al final va a ser verdad que el mejor no fue el primero. Lo dicho, gracias.

  2. Con Mayo Thompson siempre sobrevuela una ligera sospecha de estar perdiendo el tiempo, lo cual no siempre fue cierto. Los tres que mencionas no es que sean mis favoritos, es que son los que realmente me gustan. Lo que nunca entenderé es el empeño de gente como David Grubbs o McEntire para resucitar a este hombre en los noventa. Con ellos hizo sus discos (y fueron bastantes) más bobos. En este último toca Jim O’Rourke. Supongo que algún día entenderé por qué este tipo tiene tanto prestigio.

  3. Si te refieres a Sunn O))), efectivamente. En pocos conciertos me verán. Y eso que el disco me encanta. No, no me pasé por la expo. Pero hay tiempo. Estará hasta mayo.

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