«Paper-Thin Hotel» (Leonard Cohen, 1977)

El amor verdadero no dejará huellas a su paso, pero el que se escuchaba al otro lado de la fina pared de aquel hotel sabía cómo aliarse con los celos para marcar a fuego el destino de un hombre. Leonard Cohen tenía ganas de contarnos la caída y auge de un mujeriego. Phil Spector ansiaba dominar a un artista que le hablara en esos términos. Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Fue en una fiesta celebrada en su mansión californiana. El autor de “Famous Blue Raincoat” no rechazó la invitación, aun sabiendo que el estrafalario productor dominaba las tácticas para aceptar “por las malas”. Ignoro si aquella noche utilizó la del aire acondicionado –bajarlo al punto de congelación- o fue fiel a su preferida –cañón a la sien-. Lo cierto es que el señor Cohen le tendió la mano en un pacto de colaboración más jodido que los que extiende el diablo.

Aunque asumo mi desventaja, no creo ser el único que prefiere el descalabro logístico de “Death Of A Ladies’ Man” antes que sus trabajos más puros. Obra sexual de escaso contenido lúbrico pero más profunda que la misma vergüenza, me quedo con el brillo anoréxico de “Paper-Thin Hotel” antes que con cualquier clásico suyo. Supongo que Leonard Cohen se llevaría las manos a la cabeza al escuchar semejante barbaridad. Renegó de aquellas canciones nada más publicarse. Asegurándose que sus esbirros mantendrían al artista lejos del estudio de grabación, el cabrón de Spector ahogó la voz de Cohen entre sus muros, esta vez de un gran pozo. Pero así creó un fantasma invencible que a algunos nos asoma entre las marismas de la infidelidad. La tuya o la suya. ¿Los celos se superan o son las relaciones las que se reinventan? Surgen más preguntas. De todos las versos de Leonard Cohen saltan dudas. ¿Puede ser el voyeurismo un atajo para llegar a la siguiente casilla o es sintomático de una minusvalía emocional? Igual no se trata de buscar respuestas, sino de experimentar el placer de preguntarse o, si lo prefieren, de caer en la tentación de vivirlo.

“Paper-Thin Hotel” fue a Leonard Cohen lo que las coplas místicas a San Juan de la Cruz. Revelación sexual vs. revelación divina. O cuando los celos se transforman en deseo y la posesión pierde su sitio en el juego. Aquí tienen otro disco punk en el año del punk. Por actitud, por coraje, por descalabro, por mil virtudes y otros mil defectos. El amor contado en términos poco amables no ocultó sin embargo unas bondades con las que se articuló una justicia literaria que, más de treinta años después, seguirá sin poder reparar los grandes desperfectos del amor.

17 comentarios en ««Paper-Thin Hotel» (Leonard Cohen, 1977)»

  1. El texto puede completarse con la mención a la versión que del tema hizo Cathal Coughlan (Microdisney) para el recopilatorio «I’m Your Fan». Fue uno de los descartes en la selección final. Nunca llegó a comercializarse aunque creo que la FNAC lo incluyó en un sampler que regalaba al hacer determinada compra.

  2. Aquí me has dado de lleno. Esta es una de mis canciones favoritas de Cohen de las muchísimas favoritas de su repertorio, pero desde luego que si me tengo que quedar con una de este (fabuloso) álbum, sin duda es “Paper-Thin Hotel”.

    Yo es que no veo pasos en falso en Cohen desde el primer disco hasta «The Future» (incluido). Quizá es que no puedo ser muy objetivo en ese sentido. Así que estoy tan de tu parte como de los que siempre preferirán «Songs of Leonard Cohen», «Songs of love and hate» o «I’m your man».

    No sabía lo de Coughlan. Creo que sobran las palabras, porque como muy bien sabes este señor al frente de Microdisney es otra de mis debilidades, así que vamos a ver si localizamos esa versión que puede ser carne de primera.

  3. Pues yes: qué canción tan buena, qué disco tan bueno y cuantísimo cuesta escuchar los primeros discos del arruinado mujeriego tibetano (valga la redundancia).

  4. Es una de las habitaciones del Chelsea Hotel. Por cierto, y aunque parezca mentira, una de las opciones más económicas para dormir en Manhattan.

    ¿Felt? Joder, fue el primer texto que escribí sobre música, allá por el 92. Algo así como «10 motivos para no convertirte en una estrella del rock». No me atrevería a volver a leerlo.
    Felt merecen una revisión en toda regla (un post quedaría raquítico). Creo que Gerardo Sanz ya hizo una en RDL. No la recuerdo bien, pero viniendo de él supongo que sería buena.

    Lawrence viene a Madrid en breve. Si acudo al concierto igual concedo una entrada a las impresiones de semejante personaje sobre un escenario.
    O podríamos rescatar alguna canción. Hay letras muy jugosas

  5. Vaya… ¿será entonces que el disco que más odia Cohen es para muchos el mejor suyo? ¿la distancia artista-consumidor sigue estando igual de lejos? 😉

  6. Pues es mi disco favorito de Cohen con mucha diferencia, sólo se le acerca y a cierta distancia I’m Your Man.

    Claro que yo no soy muy fan de Cohen y salvo los 2 discos mencionados el resto me dejan bastante indiferente y los primeros incluso me aburren bastante.

  7. gracias a este post, estoy descubriendo a otro Cohen, sólo tengo el grandes éxitos beige de toda la vida de mis hermanos mayores y pensaba que con eso bastaba, pero este disco es especial. Gracias por descubrírmelo.

  8. Creo que la prensa musical actual, la más joven, aún tiene pendiente la tarea de poner al padre por delante del hijo. Pocas cosas hay más grandes que Tim y tenemos al menos una decena de cantantes para compartir los mejores adjetivos con Jeff.
    De todos modos, de todas las versiones -incluso la original- de «Hallelujah» me quedo con la de John Cale.

  9. Estoy de acuerdo contigo César, Tim era lo más grande. Pero la manera de cantar de Jeff y, sobretodo la forma de ensamblar su voz en el conjunto, para mí, sigue siendo único en los de su generación.
    Una debilidad.

  10. Yo también soy más de Jeff que de Tim, si es que caben comparaciones más allá de las forzadas por su parentesco. A Tim Buckley llegué jovencito, y lo primero que escuché fueron sus coletazos con «Greetings From L.A». Lo compré in situ en Los Angeles en un viaje en navidades de 1973. Le percibí histérico y desequilibrado. No muchos años después, espoleado por su creciente aureola una vez fallecido, recuperé algo de su obra anterior (sí, soy de los clásicos que defienden «Goodbye & Hello»), pero nada que ver con la emoción de pillar de lleno a Jeff, a quien además tuve la tremenda suerte de ver en directo.

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