The Unwinding Hours

En su página de Internet, dos barbudos juegan al ajedrez en la base de una montaña. La misma foto, desde el lado inverso, nos los muestra en la funda de su primer álbum con un lago –escocés seguramente, como ellos- haciendo de marco. Postal bella que mezcla la serenidad de las aguas con la inmensidad –majestuosa y escarpada- de las cumbres cercanas. La música de The Unwinding Hours es así.

Los dos barbudos que forman la banda provienen de un grupo con pedigrí como Aerogramme. No les presté demasiada atención cuando despuntaron hace una década, quizás porque la mezcla de altibajos –intimismo extremo enfrentado a electricidad atormentada- que venía de Escocia –fueran Mogwai o Arab Strap– mostraba signos de saturación, incluso si este post-rock con concesión a la melodía en formato pop estuviese bien aplicado como en el caso de Craig B y Iain Cook. Ahora que ha transcurrido un tiempo prudencial, la recuperación de sonidos con vestigios de fragor turbulento –venga de la marca Chemikal Underground o de la saga Godspeed!– empieza a sonar más sugerente que precipitada.

Si somos capaces de imaginar un punto en medio de la nada en el mar del Norte, equidistante de Sigur Rós y The Delgados, y si somos capaces de sentirnos en medio de la belleza de sus inmensas olas, seguramente nos gustará “The Unwinding Hours” (Chemikal Underground 2010). Esos barridos shoegaze que mojan hasta el tuétano en el final de “There Are Worse Things Than Being Alone”. Ese flujo otoñal de “Little One”. Esa sensación hermosa de escarcha moribunda ante el primer rayo solar en las colinas escocesas de “Peaceful Liquid Shell”, insinuando que a veces los álbumes menores son los que más nos reconfortan, con sus arpegios cristalinos enfilando plegarias, como en “Traces”. Y la por fin consecución del objetivo tras el largo ascenso de una voz devastadora –si a alguien le tocó la fibra “Just Like This” de Trespassers William, aquí tiene una hermana gemela- en “Annie Jane”. Ahí, en la cima, sin apenas aire pero disfrutando del poco oxígeno disponible, se siente un placer indescriptible.

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