Glass Beach

Hacía mucho tiempo que no me sucedía. Ni siquiera recuerdo si sucedió alguna vez después de Kansas. Que un grupo me recordase a los Genesis buenos. Porque es lo que me viene a la cabeeza escuchando a Glass Beach y su segundo álbum “Plastic Death” (Run For Cover 2024). La misma brillantez. El mismo equilibrio y conexión similar que entre Steve Hackett, Tony Banks, Mike Rutherford y el Phil Collins batería. Solo que J McClendon, aunque bueno, no posee el mismo don visionario de Peter Gabriel.

Se nota a los pocos minutos de discurrir “Coelacanth”, cuando el crepúsculo policromático se sumerge en la telaraña perfecta de guitarra y teclados. Ciertamente han acontecido cositas en este medio siglo que dejan a Glass Beach más cerca, por precisión, del math rock y el prog que de la voluptuosidad no tan sinfónica de los británicos. Guiños por ejemplo al thrash en “Slip Under The Door” y “The CIA”. O la manera de convertirse un single de matemáticas como “Rare Animal” en una oda emo. Y ya no digamos el inicio Radiohead de los nueve minutos de “Commatose”, pieza angular del disco. Pequeñas pinceladas, complementadas con canciones emocionantes –“Guitar Song”, “The Killer”, “Abyss Angel”- que deberían servir como enlace entre aquel 1974 de “The Lamb Lies Down On Broadway” y este 2024 de “Plastic Death”. Siempre advirtiendo acerca de comparaciones eufóricas: una cosa son las formas y la pericia instrumental –como en los récords deportivos contra el reloj, que siempre en el futuro serán superados- y otra bien distinta la magia intransferible e insuperable de aquellos Genesis.

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